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Entrevista a la cantante Astrid ConSentimiento: “Para mí, Puente Alto es familia”

por • 17 Julio, 2014 • Destacados, Entrevistas, Musica, portadaComments (0)4855

Por: Valentina Deneken

En las paredes de su casa están las ropas que ella misma confecciona con lana. El living está rodeado por ocho perros su actual familia, adoración y fuente de inspiración. Dueña de su empeño y de su música, Astrid Veas de 29 años ha logrado mezclar la trova, con los ritmos tropicales, convirtiéndose en Astrid ConSentimiento, la cantante más versátil de Puente Alto.

A los 15 años logró vencer la timidez y se subió al escenario de su colegio a cantar por primera vez. Pasó todos sus años ocultando el talento que llevaba en su interior por su personalidad tan tímida. La escuela de talentos de su ex colegio, Chilean Eagles College, fue la llave que abrió a la pequeña y tímida Astrid, logrando explotar toda la magia de su voz.

Astrid dejó Puente Alto a los 13 años, pero añora con nostalgia el tiempo vivido al lado de la cordillera, los helados en la plaza y las caminatas hacia Las Vizcachas.  De familia papelera, hoy se siente orgullosa de haber crecido en las calles de Puente Alto.

¿Cómo ha sido tu formación como cantante?

Estuve trabajando autónoma desde los 15 hasta los 23. Luego hice un año de canto lírico, ya que mi voz se había estropeado un poco y necesitaba algo más saludable. Llevaba mucho tiempo cantando en orquestas bailables y de noche.

¿Quiénes han sido tus referentes en la música?          

Crecí escuchando la música que mi mamá y hermanos mayores escuchaban. Recuerdo que a mi mamá le gustaba Ricardo Montaner; uno de mis hermanos escuchaba Mariah Carey y el otro escuchaba metal. Interpretaba mucho a Mariah en un comienzo. Tanta variedad me sirvió para no estancarme de un solo estilo.

¿Nunca has tenido un estilo musical definido?

Me complicaba mucho y sí, quería tener un estilo. Cuando partí cantando fui a los programas de televisión, pero no me fue muy bien. Estuve en la segunda generación de Rojo, pero muy poco tiempo. Como participaba con covers no era necesario tener un estilo, tenía que mostrar mis capacidades. Así que en todos los festivales y concursos cantaba Mariah Carey, esperando ser descubierta por un productor que me ayudara a encontrar mi estilo. No quería hacer esa pega o pensaba que no podía. Después de esto,  seguía perdiendo en festivales y mi familia desconfió y me dijeron que estudiara algo, entonces me metí a la academia de Miriam Hernández, pero me puse más insegura porque los maestros que estaban ahí decían que lo más importante era que un productor o una disquera se interesara en mi antes de cumplir los 18 años, si no, que me olvidara. Llegué a los 18 años  y no tenía todo eso y me olvidé, dejé de soñar. Pero pese a todo, no podía dejar de cantar, eso no me lo podían quitar, así que salí a las calles y comencé a cantar en las micros. No dejé de cantar nunca.

 

¿En qué te inspiras para escribir tus canciones?

Diferentes inspiraciones. Hay varios principitos rondando, hartos principitos que me llenan la cabeza de pajaritos y de ahí salen las canciones. Le he escrito a diferentes personas, a mi ex marido, por ejemplo la canción Esquivo Corazón, la hice en periodo de fiestas patrias. Tengo canciones de amistad, hay una que se la dedico a mi mamá. Hay una canción que aún no grabo que se llama Desquiciada. Trata de cuando una se enamora, de que te pone de mal humor si ves a la persona que quieres caminar con otra y eso te desequilibra. Una vez venía en el metro, íbamos todos apretados y recuerdo que alguien dijo algo chistoso, todo el mundo se puso a reír. Entonces, veo la cordillera con un sol increíble y la gente riéndose, eso me inspiró, en una circunstancia que no era para reír y me llegó la canción entera a la cabeza, que hablaba de que los detalles del día a día son los que nos dan la felicidad y no, el tener o no tener. La felicidad es fijarse en los detalles, mirar la cordillera, la gente riéndose. Toda esa magia me inspira.

¿Cómo ha sido la terea de incorporarte en las radios nacionales?

Entretenido porque no es tan fácil, y eso requiere que uno se las busque más. No quiero decir que es difícil, porque no estoy tan segura de que lo sea.

Creo que lo consigue el que realmente se esfuerza y yo estoy dándolo todo. Produzco dos o tres canciones por año, ya que sale costo hacerlo a buen nivel, y quiero hacerlo con un muy buen nivel. Arriendo un estudio, les pago a músicos, todo va por mi cuenta.

 

Ahora, luego de más de diez años que te fuiste de Puente Alto, ¿Cómo recuerdas la comuna?

Hermosa. En el barrio donde yo vivía era La Papelera, era precioso porque mi tata vivía a la vuelta y las caminatas que hacíamos desde ahí hasta Las Vizcachas me marcaron por completo. Iba a comprar a La Chilenita, tomaba helados en la plaza los domingos, tuve una infancia muy feliz. Puente Alto es como una mini ciudad, uno puede vivir ahí sin  necesidad de salir, porque lo tenemos todo. No salíamos mucho de la comuna, se conservaba cierta inocencia y pureza que a mí me hizo muy bien, me encantó haber nacido ahí. Para mí era importante que mi abuelo fuera mi vecino, él era orgulloso de ser puentealtino, trabajó toda su vida en La Papelera. Puente  Alto para mí es como familia.

¿Cuál era tu lugar favorito en Puente Alto?

Además de mi barrio, la plaza, totalmente. Ahí pasaba todo, íbamos los domingos a tomar helado, nos sentábamos frente de La Chilenita, era el paseo obligado.

¿Qué es lo que queda de la Astrid tímida de la niñez?

Ahora estoy completa, siento que volví a ser la niña. Tengo la ilusión, soy soñadora, volví a creer en mis sueños, volví a tener esa esperanza de infancia. Cuando uno es chico sueña con todo y en grande, en ese sentido soy la misma de antes. He rescatado a la niña que había guardado.

 

 

 

 

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