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ÉRIKA OLIVERA: Aires puentealtinos flamean en abanderada chilena

por • 22 Julio, 2016 • Entrevistas, portadaComments (0)2957

La portadora del estandarte chileno en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 fue elegida por votación popular, una palabra que resume sus orígenes. Es que la maratonista dio los primeros recorridos de su carrera en la población Carol Urzúa de Puente Alto, donde vivió entre los 8 y 18 años. “Siempre digo que si no hubiese sido deportista habría sido una delincuente. El deporte me salvó la vida y de eso me siento muy orgullosa”, dice la deportista que con 40 años y cinco citas olímpicas a cuestas, aceptó el desafío de repasar con citas las paradas de su vida con Revista Portal.

Los primeros trotes en Puente

“Trotaba  al lado de las micros, que no eran amarillas aún. Era el recorrido Renca Paradero 15, que estaba en la Población Carol Urzúa. Era un juego para mí. Cuando mi mamá iba al centro de Puente Alto yo aprovechaba de correr por diversión”.

Profesionalización en nuestra comuna

“En aquellos años y siempre estaba en el podio. Empecé a competir en torneos federados y con buenas marcas me permitió representar a Chile. Nací en Quinta Normal, llegué a Puente Alto a los 8 años y viví allí hasta los 18 años”

Escolar puentealtina

“En Puente Alto estudié en la Escuela D 621, que hoy es la Escuela Nonato Coo y la enseñanza media la terminé en el Liceo A-115, hoy Liceo de Puente Alto. También estudié en la Escuela República, estuve en el Liceo Arturo Prat, la Escuela Antillanca. La República me quedaba bien lejos de la Población. Del Antillanca llegué al Liceo Arturo Prat, donde no alcancé a estar un año y tuve que cambiarme, era muy rebelde. Allí, cuando el director supo que yo era deportista dijo que yo nunca le iba a ganar a las negras y eso me generó más resentimiento”.

Tiempo de cambios

“En séptimo básico llegué a la D 621, donde estaba de directora la señora Cecilia Duque, a la que le gustaba mucho el deporte. Ella nos llevaba a las corridas comunales y fue una gran motivación. Pero el colegio llegaba hasta octavo básico. Así fui a parar al 115 y me cambió mucho la forma de ser. En mi curso era de puras señoritas, y yo venía de una población, acostumbrada a agarrarme a combos. Me mutó mucho la forma de tratar con las personas. Y me metí en el atletismo y mi curso me iba a ver en el Estadio Nacional. Fueron súper apañadores”.

Kilometraje para manejar la ira

“Mi rebeldía escolar no tenía que ver con contestarle a los profes, si no que con que era muy peleadora. Por ejemplo, trabajé en la calle vendiendo empanadas y el primer día de mi séptimo básico un compañero me empezó a molestar, dibujó una empanada en la pizarra y yo le pegué. Con los años me tuve que educar, que no era la forma a través de los golpes. Eso sí, en el deporte mi rebeldía  se veía reflejado en las competencias: me sirvió para no tener miedo”.

El deporte: su mejor carrera 

“Jamás me imaginé que llegaría a ser atleta, que sería la mejor maratonista de Chile, nada de eso. De hecho, siempre digo que si no hubiese sido deportista habría sido una delincuente. El deporte me salvó la vida y de eso me siento muy orgullosa. Varias veces me decepcioné, no del deporte, si no de la gente que dirige y toma decisiones.  Pero incluso eso te fortalece”.

Un sueño abanderado

“Al ser abanderada siento que represento a la gente del pueblo. Con esto se demuestra que siempre hay algo en la vida por lo que podemos luchar. Me gustó que haya sido la gente la que decidiese.  En los días previos, la gente me expresó su cariño, aunque sentía que era difícil que pudiese ganar, pues me reconocían los más adultos, que no son los más asiduos a las redes sociales. Pero la gente sí reconoce y valora mi trabajo”.

La cabeza en plena maratón

Una maratón se me pasa muy rápido. Son 42 kilómetros donde estoy muy conectada con lo que estoy haciendo. De repente pasa una hora y media de carrera y digo “guauuu… tan rápido”.  Me gusta la conexión que puedo lograr con la naturaleza.  En competencia es difícil pensar en otras cosas, a menos que estés pasando por un momento difícil. Pero siempre sientes un dolor físico y también del alma, allí es cuando pienso en mi familia y mis hijos para no rendirme”.

 

 

 

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