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Entrevista con Iván Torres: “Todavía utilizo el Raco para pronosticar el tiempo”

por • 15 Junio, 2016 • Entrevistas, portadaComments (0)2911

Nació en Santiago, pero vivió toda su vida en Puente Alto. Allí terminó su escolaridad en el Liceo de Hombres, luego que “no me renovaran contrato por ser muy desordenado” en “la Matte”. Y pese a que lo echaron de varios lados, el “hombre del tiempo” encontró con viento fresco su pasión. “Me sacaron de la Escuela de Carabineros pero no por malo, si no por alergia a la crespa del caballo. Después estudié ingeniería en calefacción pero un aviso en el diario me llevó a meteorología, un amor tardío, pero a primera vista”, confiesa.

Tiene buen humor el hombre y eso se nota. “Se hizo un estudio y estoy entre los tres personajes chilenos de los que más memes se hacen”, dice Iván Torres abriendo los fuegos de su parcial variando a despejada conversación con Revista Portal.

“¿Las tallas? Me las tomo pa’ la risa. No puede ser de otra manera. Igual me doy tiempo de responderle a los que me hablan con odio en Twitter. “Le pasa algo?, ¿necesita algo?”, les pregunto. Y más se pican, jajajá”, agrega el meteorólogo, que milita en TVN.

-¿Le gusta contestarle a los que le enrostran que se equivoca, no?    

-Me gusta que la gente se pique en redes sociales. Y le pongo cualquier tontera a los que hablan porque no saben de meteorología. Los meteorólogos somos los gallos que más tenemos que tener los pies en la tierra, porque nos equivocamos mucho. Hay un estudio de 1999 respecto a las profesiones con los tipos más sobrados: el primer lugar era para los pilotos, después salieron los médicos y los meteorólogos estamos casi en el último lugar.

-Mejor es jugar al empate y decir cosas más generales, ¿no cree?

-Yo soy jugado. Arriesgo mucho porque ocupo horas y milímetros. A veces digo “van a caer 2 ó 3 milímetros de chubascos” y la gente dice “oh, se equivocó en un milímetro. El gallo penca, no le achunta nunca”. Pero a mí me interesa si se da o no el fenómeno.

-Fue el único de la tele que adelantó el fenómeno que hace poco terminó con  la salida del Mapocho…

-Eso está grabado. En el noticiario durante la semana me preguntan si va a llover mucho y yo dije que no. “Pero cómo, si nosotros en el canal dijimos que iba a llover mucho”, me dice Mauricio Bustamante. “Ustedes dijeron, no yo. Va a llover poco porque lo importante fue el fin de semana”. Y así fue.

-¿Ocupa aún las técnicas clásicas de todos los que sólo tenemos el alma de meteorólogos?

-Claro, aún veo hasta el comportamiento de los pájaros o si los animales en el sur se apiñan es porque hay pronóstico de lluvia. Pero si están separados sabes que la llovizna no será muy fuerte. También llamo a mi señora en Cajón del Maipo (donde vivo actualmente) y le pregunto para dónde va el viento. El Cajón es muy bueno para predecir, aunque sobre todo la contaminación: Cuando hay Raco (viento típico de la Provincia Cordillera) es fijo que hay preemergencia o condiciones regulares de ventilación si el Raco es muy fuerte.

UNA VIDA EN PUENTE

No es puentealtino de cuna, pero como su papá era pircano, el amor por la zona trajo a la familia de Iván Torres rápidamente a la comuna. “Me crié en Puente. Estudié en la Escuela Matte, de ahí me echaron, o mejor digamos que no me renovaron contrato por ser muy desordenado, jajajá. Me tuve que ir al Liceo de Hombres de Puente Alto. Nunca olvidaré los torneos de básquet que jugábamos ante  la Consolidada, la Escuela Industrial y Las Nieves”, recuerda.

La máquina del tiempo también lo lleva a la Plaza. “Allí jugábamos al ‘tontódromo’: los hombres caminaban hacia un lado y las mujeres en sentido contrario para ir mirándonos. El cine Plaza, el Nacional y de repente el Palermo, esa era nuestra vida. Yo vivía a dos cuadras y media del Liceo y llegaba atrasado igual: sentía la campana desde mi casa y salía corriendo”, agrega.

-¿Cómo andaba en el colegio?

-Era del montón y flojo. Por eso estudié una carrera más ligada a las matemáticas porque ahí se ocupa más la cabeza que la memoria. Pero antes de estudiar Ingeniería estuve en la Escuela de Carabineros: de allí también me echaron, pero no por malo, si no que por le tenía alergia a la crespa del caballo.

-¿Qué hizo después de ese revés?

-Me metí a Ingeniería en Calefacción y Aire Acondicionado. En eso  apareció un aviso en el diario de que se necesitaban alumnos con plan básico de ingenieros para formarse como meteorólogos. Fue en medio de la crisis del 82. Vi que mi carrera no tenía mucho futuro y como sólo duraba dos años, me cambié a ésta porque te aseguraba pega.

-¿Lo suyo con la meteorología fue amor a primera vista?

-Sí, fue tardío pero sólo había que despertarlo. Esta pega no es todos los días igual y  un acierto del cien por ciento no existe. Todos nos caemos porque la naturaleza no la podemos dominar.

Un “experimento”de dos décadas

No estudió meteorología pensando en la pantalla chica. Pero la tele llegó y fue gracias a una casualidad muy poco forzada.

“Llegué hace 21 años a TVN porque al ‘Tata’ Díaz mandó un fax a la Dirección Meteorológica buscando meteorólogos para el Buenos Días a Todos. Yo era jefe de Relaciones Públicas y el director me pidió que hiciera la lista con seis nombres. No me incluí porque soy demasiado acelerado para hablar, muy narigón, ojeroso. “Van a gastar mucho en maquillaje”, pensé… y me fui de vacaciones tras eso”, cuenta.

Tras el descanso se pilló con una sorpresa. “Mi jefe me dijo que fuera yo porque yo era el hombre. Fui a la prueba de cámara y quedé. Parece que resultó  el experimento”, cierra.

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