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Miguelito ‘Las risas y la alegría de los niños siguen siendo mi mejor regalo’

por • 20 Diciembre, 2016 • Entrevistas, portadaComments (0)586

Su cédula de identidad lo identifica como Hans Malpartida, un peruano de 30 años cuya misión en Chile es hacer reír en “Morandé con Compañía”. Y aunque su alegría no es un personaje y aflora a cada momento, el pequeño talento del estelar de humor de Mega también repasa una vida dura y una maravillosa faceta solidaria. “No me gustaba hablar de eso para no parecer que estoy figurando, pero es la única forma de concientizar”, reconoce.

“¿Desde cuándo hago reír? Mmm, no se puede decir desde que era chico”, narra para dejar en claro que esto de ser bueno pa’ la talla no es cosa de la tele, si no que se ríe a cada rato. Ese es el talento que Hans Malpartida cultivó desde la escuela en la provin- cia de Huacaybamba en su Perú natal y que hoy lo tiene en su rol de “Miguelito”, su nombre artísti- co, como pieza fundamental del “Morandé con Compañía” en las noches de Mega.

“Siempre en la familia fui el desor- denado. También en la escuela era fijo actuando en todo. Me gustaba recitar, hasta poemas de 30 estrofas, tenía muy buena memoria. Pero nunca lo proyecté, nunca dije ‘cuando grande voy a ser humorista o actor’. ¿Cuándo grande? Mejor dejémoslo que cuando viejo, jajajá”, agrega comediante de 30 años en conversación con Revista Portal, narrando sus pasos agigantados a una fama que jamás esperó.

-Pero pensabas que si te pulías, podrías llegar al estrellato, ¿no?

-Mmm, la verdad soñaba con ser abogado y también me gustaba escribir y dibujar. Nunca caché que esta profesión iba en serio. La chispa siempre la tuve. Estuve tres años de Secundaria (Educación Media) en Lima y todos me decían que me metiera a un circo, que iba a ganar mucha plata, pero nunca me convenció.

-¿Trabajas desde temprana edad en el espectáculo?

-Trabajé desde niño, pero no en esto. Soy del campo y conocí a mi papá a los 11 años. Nunca lo había visto y estaba muy emocionado, pero él no me pescó. Lo busqué hasta los 14 y no le interesó. Así que lo demandé por la pensión, pero me ganó el juicio. No me quedó otra que trabajar desde los 12 años. Todos los veranos me iba a Lima a visitar a mis hermanas y vendía chupetes en el mercado durante el verano. Con eso compraba mis útiles escolares y uniforme.

→ Pololeo circense en Chile

El circo ya rondaba en la cabeza de Miguelito, pero una vez que terminó la educación secundaria se anotó con la que creía era su pasión de niño. “Terminé la escuela el 2004, un año despúés estudié Derecho y el 2006 me volví a Lima y me metí a un circo por probar”, confidencia.

-¿Y el romance con el circo fue inmediato?

-Cuando empecé con el circo, me perdí de la familia, no avisé. Hicimos Arica, Tacna y hasta nos llamaron del Teatro Caupolicán, donde hay representantes de toda Latinoamérica. Yo no tenía papeles, ni carnet y me querían deportar en el control fronterizo hasta que un “llamado mágico” me hizo pasar. Estuve 14 días en el Caupolicán y salí muy poco. Me sacaron a un asado con Los Tachuelas y el Tío Gastón les ofreció una jirafa y un camello para que me dejaran con ellos, pero los dueños perua- nos no aceptaron.

-¿Allí comenzó a forjarse tu llegada definitiva a Chile?

-Claro. Una amiga me llevó al Golden Circus y les gusté. Me querían dejar incluso sin papeles, pero yo insistí en devolverme y arreglar la situación. En el circo del Perú me debían siete meses y yo les di una semana de plazo para pagarme. Así que me paré. Me pegaron pero no me apoqué. Necesitaba plata para salir y fue la única vez que le pedí a mi mamá. Estando establecido en Chile me presentaron un productor del “Morandé con Compañía”, me conoció en la disco con un cigarro y un copete en la mano. “¿Qué hace este cabro chico tomando?”, dijo, pero después que enten- dió que yo era adulto, me invitó al programa. Pensé que era de público, pero me hicieron actuar. Después de eso todo fue rápido.

→ Navidad y sonrisas solidarias

Lejos de su Perú natal, Miguelito ha debido reenfocar la Navidad y verter su espíritu solidario en otra causa: regalando sonrisas todo el año y a quiénes realmente lo necesitan.

Pero los recuerdos de esta fecha en la infancia afloran solos en la mente del humorista. “Antes me gustaba mucho, sobre todo en mi niñez. Era el momento en que se juntaba la familia. No esperaba un playstation, era feliz con que mis hermanas pudieran viajar de Lima. Si no podían, nos mandaban encomiendas: panitones (que son los panes de pascua), leche, chocolate y de vez en cuando un carrito chiquitito. Uno era feliz con que mandaran fruta.

-¿Cuánto queda de ese espíritu?

-Navidad ya no es lo mismo. Ahora si no regalas en esa fecha y Año Nuevo, quedas mal. Y no es de apretado, voy al significa- do que ha cambiado tanto. Ya no se alegra nadie de compartir un momento íntimo, ahora es la preocupación de qué regalo al hijo, al sobrino.

-Algo de ese espíritu lo ocupas ahora ayudando al prójimo, ¿no?

-Soy vicepresidente de la Fundación Deportistas por Un Sueño, que no tiene fines de lucro y vela por la dignidad de todos los niños que padecen enfermedades crónicas y terminales. Es duro hasta decirlo, pero son niños que están al borde de la muerte. Yo la veía a través de las noticias y desde que la vi quise ser parte, pero no por figurar. Soy de muy bajo perfil y no quería parecer proyectando una imagen falsa, pero ahora entendí que contando lo que se hace puedes concientizar a más gente. Cuando conocí a los niños salí llorando, pero con la satisfacción de que con sólo verme se ponían muy felices. Y de eso ya han pasado cinco años. Las risas y la alegría de los niños siguen siendo mi mejor regalo.

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