viento

La Voz del Viento

por • 12 Julio, 2017 • Columnas, DestacadosComments (0)228

En este pueblo, llamado “De las arañas”, se tejen muchas historias fantásticas, que tal vez quieras escuchar, porque es como si aquí se hubieran conjurado los brujos y brujas para abrir un portal a lo más oscuro, y hubieran encontrado perdido en Los Andes el cuadrante exacto que comunica con el infierno…

En este pedazo de tierra verde y generosa, donde antes corrían las vizcachas y los condores poblaban los cielos, es un viento tibio (que corre solo en esta parte del mundo) el que anuncia que la lluvia se acerca, y que los mismos presagios de malos sueños de antaño volverán a vivir esta noche. A este viento se le conoce como “El Raco”.

En el pueblo, es un viento seguro y se puede sentir como arrulla, y acaricia el rostro, las mujeres se alegran porque la ropa lavada se seca en los cordeles, limpia el aire y cobija el alma (cuando es de día), pero más arriba, entre las montañas y quebradas de esta cimbreante arquitectura de roca, anuncia que es mejor ponerse a resguardo, que la tormenta se avecina y que algo muy malo se ha liberado.

El Raco es como una bocanada de miedo, que emerge de un lugar muy malo, al abrirse las puertas que deberían seguir cerradas, y entonces se rumorea que se ha salido la mujer demonio, la Lola; ¿Qué quien es ella? Pues es la hembra maldita, que, con su manto de terror, va en búsqueda, al encuentro de sus víctimas. Entonces los mineros y los arrieros de la zona no confiesan que la inquietud que sienten es algo muy parecido al pánico; deben amarrar a los animales en sus establos, y luego todos se encierran a cantar (o a rezar), para no encontrarse mezclado con el sonido del viento el llamado de la Lola.

La sirena maldita conoce el nombre de sus víctimas y como cómplices fatales, se conjura con el viento para confundir su voz en el silbido del Raco. La mujer demonio susurra sus nombres hipnotizando a los que la escuchan, los idiotiza, hasta hacer que sus víctimas salgan del resguardo quimérico donde creyeron poder escapar de su embrujo, y al oír sus nombres ya no responden más a la razón, y a tientas buscan entre los cerros, a la seductora, que, con su voz de lluvia, se lleva a los infelices a un delirio de muerte y desesperación. La Lola los atrapa y los despoja de sus almas, porque la Lola se alimenta de espíritus y de cuerpos, y se deleita arrancándoles lo más viril a sus víctimas, antes de concluir su agonía… de iniciar su agonía…  y solo entonces, cuando ha satisfecho su sed de sangre y terror, la Lola puede volver a su reino de sombras, adornando su vestido de nieve con una nueva medalla encarnada.

Y el Raco no para, continua su recorrido, cordillera abajo, pasando por el hospital de tísicos, ese que está abandonado por San José de Maipo. Y ahí va el Raco, alimentándose con su cargamento de espantos. Son las suplicas de los niños muertos, que en vida fueron atormentados por la enfermedad y el abandono, y uno se pregunta ¿Por qué estos angelitos no se fueron para el cielo? Y entonces los viejos te cuentan de un ser oscuro que los tiene encadenados en sus catres, en la parte más profunda del sótano, un hombre malo del que no hay que ni decir el nombre, porque es peligroso hasta para los vivos, que ni en el infierno lo quieren y para no quedarse sufriendo solo los agarro a los críos y ahí los tiene, y no los suelta,  y si nadie en vida se preocupó por estos pobres, porque todos saben que sus familias los iban a tirar no más, los dejaban ahí por años hasta que los olvidaban, entonces ahora que se murieron ¿Quién les mandaría a hacer una misa, o les rezaría una Ave María, diciendo los nombres que nadie recuerda, para que sean liberados?

¡Pero no se me distraiga! Que el recorrido del Raco no para, porque cuando se suelta quiere aprovechar bien el viaje… Y aunque el Pueblo de las Arañas, en general sea seguro, hay dos o tres casas en las que aun la puerta de aquel lugar malo, no se ha cerrado y donde el Raco siempre tiene una cita y donde siempre es bienvenido.

Y ahí va, recorriendo el pueblo hasta llegar a la calle Concha y Toro, que es el límite en la triangulación entre “La Pata del Diablo” (para que le voy a contar de ella, si todo el mundo sabe que en esa piedra apoyo la pezuña el diablo y quedo la huella, marcadita e inmunda, para que todo el mundo la vea) y el “Cristo Negro”, que está en la bajadita camino a Pirque (de esa no le cuento nada, porque no supe cuando lo pusieron, ni porque es negro ¡no puedo saberlo todo!). Pero le estaba contando de la casa esa, la que está en el número 168 de Concha y Toro, la única antigua que va quedando en pie de aquellos años de esperanza, pero ahora, rodeada de depósitos y tiendas vacías decae y se desmorona lentamente. Cuando no hay nadie vivo en sus cercanías y los almacenes quedan desiertos, solo aquella casa se inunda de luces y movimientos fantasmales, y ningún oído humano resiste el escuchar los gritos y aullidos. Los ruidos son tan siniestros que ni los perros se atreven a pasar cerca de la casa cuando corre el Raco. ¿Que paso en esa casa? Se dicen muchas cosas, que hubo un hombre que perdió el control un día y mato a todos los que celebraban no sé bien que cosa (porque siempre me cambiaban la historia), o que fue un incendio intencional, de un amante celoso, lo que hizo que no quedaría nadie vivo… también he escuchado que ahí se hacían esos rituales para invocar lo que no debe ser invocado, y que pagaron el precio que no quiere ser pagado… pero todos son rumores, no hay nadie que me diga de verdad que fue lo que paso, y he conocido mucha gente que jura sobre la biblia que su historia si es la de verdad, pero los ruidos y los gritos ¡de eso si que le puedo servir de testigo, cuando quiera y donde quiera!.

¿Qué cómo sé yo estas cosas? Bueno, ya sabe cómo somos en el campo, las historias de miedo se susurran al lado de los braceros mientras se ceba el mate, y se cuentas casi en susurro para que los intrusos no las escuchen, vigilando las puertas, todos alertas a los sonidos extraños, mientras los niños se inquietan en sus camas, sintiendo el frio que recorre por sus espaldas, porque el Raco es tibio, pero congela el alma del más atrevido.

Extranjero, no te rías, no te burles de lo que no conoces, pues los espantos tienen la debilidad de aparecerles a los más incrédulos y desconfiando… no te rías hermano, porque los fantasmas que acompañan el galopar del Raco son celosos y vengativos… No te burles extraño, que yo también me burlaba hace años… cuando estaba vivo.

por: Ana María Álvarez

Puentealtina

Pin It

Relacionados

Comentarios

Agregar un comentario