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Profe al Pizarrón: Jorge Coloma-Colegio Matte

por • 7 Septiembre, 2015 • Destacados, EntrevistasComments (0)4593

Inauguramos esta nueva sección de Portal Puente Alto con el docente que más nombraron ustedes a la hora de pedir una entrevista con quién marcó su educación escolar. El capo de la educación física en el tradicional colegio puentealtino cuenta sus mejores anécdotas y pasa un aviso. “Soy fisonomista. Si me saludan en la calle recuerdo caras y no apellidos”, dice.

Hablar de Educación Física en el Colegio Domingo Matte Mesías tiene nombre y apellido. Es que detrás de esa asignatura ha estado detrás por casi 40 años el profesor Jorge Coloma. Sí, ese que varias generaciones recuerdan por sus retos y desafíos en la cancha, los dibujos y el bigote y lentes que ya son un clásico.

“Es una sorpresa que muchos me hayan nombrado. Me emocioné cuando el subdirector me dijo”, dice Coloma antes de anotar sus reflexiones, recuerdos y anécdotas en el Pizarrón del Portal, en un relato en primera persona.

Mis inicios en la “Matte” y la canción nacional. “Llegué en 1978, en una época en que la educación era totalmente militarizada. La canción nacional se cantaba con todas sus estrofas –incluyendo la de los valientes soldados- y era larguísima. Casi arranco pues en el primer acto cívico se formaban todos frente al lugar del acto, el silencio era absoluto y dicen “dirige la canción nacional la señora Silvia, mmm, Espejo parece que era el apellido. Se escucha la voz del subdirector. “Escuela Matte discreción”, pie al lado de todos los alumnos. “Firme”, dicen los cabros. Uh, ¿dónde me vine a meter? Me di cuenta que el colegio se manejaba así. Mi aprendizaje de ser amigo se tuvo que adaptar al colegio y me tuve que poner un poco cruel, jajajá”.

Ablandando la mano. “A través del tiempo se fueron dando más la lógica de la pedagogía. Ahora soy más lúdico. El hecho de que tú sepas bien lo que estás haciendo hace que ellos confíen en ti. Yo cuando era chico era gimnasta tipo Tomás González, no tan bueno, pero de ese tipo. Y al llegar a este colegio me empezó a primar lo colectivo para plasmar la enseñanza. Por eso adopté muchos juegos recreativos. Decirle “hola, cómo estás” a un niño de sexto básico que no conoces, te abre un gran abanico de posibilidades”.

Alumnos nuevos versus antiguos. “La tecnología está a favor nuestro ahora. Antes los profes éramos absolutistas, lo que decíamos era la verdad absoluta. Los alumnos tenían que ir a la biblioteca para chequear si era verdad lo que dijeron. Ahora hago lo siguiente: les digo algo y les exijo que lo corroboren… y para eso está la tecnología. Tú les corriges una palabra mal dicha y ellos mismos la buscan en el teléfono y tienen el chequeo en el instante. Eso no es malo porque te obliga a renovarte”.

Recordando en la calles. “Soy muy buen fisonomista. Les aviso que en nombres ando pésimo, pero si los veo en la calle siempre me queda algo: no sé si son los ojos o qué, pero algo siempre te hace recordarlos. Y ellos se te acercan, te dicen “estuve tal año” y ahí se me prende la ampolleta. Es que la educación física te da un conocimiento distinto. Basta una pura clase de educación física para saber quién gobierna el curso”.

Ordenando al más desordenado. “Yo tuve un alumno muy desordenado cuando llegué al colegio: Mauricio Sepúlveda. Siempre me voy a acordar de él porque medía 1,90 metros y era muy desordenado en un curso de machos alfa: todos buenos para algún deporte. Había, eso sí, un deporte que acá no estaba, era el vóleibol. En esa época, año 1979, Mauricio encontró una pelota de vóleibol y me pregunta de qué es el balón. Él no sabía qué era ese deporte. A él le gustó y competía conmigo. Yo como tenía la habilidad de los 20 y tantos años le ganaba siempre. Él se interesó en ganarle al profe. Yo era de los profes que les decía “señores, vamos a correr 50 metros planos, el que me gane tiene un 7”. Era una competencia con los alumnos. Con Mauricio logramos formar una selección de vóleibol con sus puras ganas. Se transformó de ser uno de los más “pelusones” del colegio a estar en la selección de Puente Alto. Llegó a ser un buen profesional ”.

La calma del ‘Profe’. “Cuando empecé era un colegio industrial y había muchos alumnos buenos para el deporte y la educación física. Todos querían ganarle al profe en extensiones de brazos y muchas cosas. Eso pasó hasta mediados de los 90 cuando tuve una lesión muy seria en la espalda y tuve que cambiar el método para recurrir a mi estrategia intelectual para dar vuelta este asunto. Aún me quedan mañas de viejo”.

Un ‘payaso’ dibujante. “¿Por qué me recuerdan los alumnos? Soy muy histriónico, muy payaso. Si tuviera que ponerme una nariz de payaso para que mi mensaje llegue a los alumnos lo hago. Lo importante es lo que pueda aprender el niño.  Tengo la característica de que soy bueno dibujando entonces cada vez que hago un esquema escrito, dibujo: monos, ratones, figuras humanas raras, etc… hago muy bien mi caricatura. Nadie lee lo que está en letras entonces por eso hago un dibujo que diga el objetivo”.

El bigote eterno. “Ha estado siempre. Me lo tuve que dejar años atrás porque la primera vez que fui a hacer clases fue en el Liceo Benjamín Vicuña Mackenna, recién salido de la universidad con 20 y algo años. Llegué a hacer clases y el portero no me dejó entrar. “Es que voy a hacer las clases de educación física”, le dije. “¿Qué clases? Anda a ponerte el uniforme”, me respondió. Hasta que salió el inspector general, que me conocía. Así que me mandaron a cortarme el pelo y me puse el bigote. Los lentes casi siempre los he tenido. Tengo 64 años y el próximo año ya debería pensionarme. ¿No los aparento? Eso se los debo a los pasillos del colegio, que son fríos en invierno y otoño, así que estoy en refrigeración permanente, jajaja. No, se lo debo a hacer mucho ejercicio con los cabros y llevar una vida sana: no fumo ni bebo”.

Tenis senior. “Una de las cosas hermosas que me pasó es que aprendí a jugar tenis a los 54 años. Eso se lo debo a uno de los alumnos, Simón Bravo, que me miraba jugando tenis y me preguntaba si sabía jugar. “No Simón, no tengo idea”. A ver, muéstreme la raqueta. Y era súper ordinaria, la había comprado en el Líder. Y me hizo jugar con él, que representaba al colegio. Obviamente que no le saqué ni un punto. Él estaba en tercero medio, jugamos todo su cuarto medio y mientras él estaba en la universidad también jugamos en sus 4 años de carrera. “Cuando yo tenga 60 años te voy a ganar”, le dije… y le gané”.

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