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¿TIENE LA HISTORIA ALGO QUE DECIR EN TORNO A LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO?

por • 23 Enero, 2017 • ColumnasComments (0)1563

Hace un par de días, el 16 de enero de 2017, la comisión de constitución del Senado de la República (compuesta por 5 hombres) aprobó la tramitación del proyecto de despenalización de la interrupción del embarazo en 3 causales. Es uno de los pasos decisivos en la recta final de uno de los proyectos estrella del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, proceso que ha sido liderado por la ministra de la mujer, Claudia Pascual.

Hoy nos sorprende el hecho de que Chile sea uno de los pocos países del mundo donde el aborto se encuentra tipificado como delito sin excepción alguna[1], sumándonos a Malta, Andorra, El Vaticano, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua y Surinam, las únicas naciones donde persiste tan restrictiva legislación. Pero a pesar de la constatación de esta realidad, el tema está lejos de ser un debate nuevo en nuestro país. Y recorrer las olvidadas páginas de nuestro pasado puede entregarnos algunas pistas para una comprensión cabal de la situación en que hoy nos encontramos, y cómo llegamos a estar tan fuera de tono con el resto del mundo en materia de aborto.

A lo largo de nuestra historia republicana, el aborto ha sido un tópico de fuerte presencia en las discusiones públicas. Si bien durante la totalidad del siglo XIX nuestro país mantuvo los lineamientos básicos que existían en el código sanitario que databan de nuestra pertenencia al Imperio Español, el delito de aborto en el código de 1874 establecía una disminución de la pena siempre y cuando se hubiese realizado “para ocultar su deshonra”.

Hace casi 86 años, en 1931, la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo (en una de sus últimas acciones en el gobierno) dictó un nuevo Código Sanitario, en el que se declaró exentas de penalización a aquellas mujeres que interrumpieran su embarazo con fines terapéuticos o en caso de dificultades económicas que le impidieran proseguir con la maternidad, siempre y cuando una comisión de 3 médicos aprobara el procedimiento. Esta política respecto al aborto se mantendría en lo fundamental hasta el golpe de estado de 1973. Se vería, de hecho, reforzada como un mecanismo de emergencia, sobre todo en el contexto de las políticas progresistas en reproducción y planificación familiar que llevaron adelante los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende Gossens.

Una vez instalada la dictadura militar, se inició el proceso de revisión de la legislación nacional, con el fin fundamental de instalar una nueva constitución política. Y ya desde los inicios del proceso, Jaime Guzmán mostró una postura férrea en contra del aborto, oponiéndose a él en cualquier contexto o situación, incluyendo aquellas que la ley aún facultaba. En este espíritu, y ejerciendo una gran influencia en conjunto con los sectores más conservadores de la iglesia chilena que apoyaban a la dictadura, se logró derogar el artículo que permitía el aborto terapéutico, prohibiéndolo y penándolo sin casos de excepción, en los últimos meses de funcionamiento de la junta militar. Los sucesivos gobiernos no modificaron la legislación, a pesar de algunos intentos de ello por parte de parlamentarios progresistas.

Eso nos lleva hasta el día de hoy, con el código sanitario de la dictadura casi intacto (como ya dijimos, uno de los más restrictivos del mundo). Pero no por ello podemos decir que no se realizan abortos en Chile, pues en la clandestinidad aún se siguen efectuando, en una cifra estimada entre 33.000 a 160.000 abortos al año[2]. Muchas veces ellos presentan complicaciones serias debido a la mala praxis que acarrea el no poseer personal calificado en esas condiciones.

¿Debe entonces el Estado intervenir? ¿Debe abstenerse? ¿Dónde se encuentra la frontera de la injerencia del Estado? ¿Cuál es el criterio decidor? Para responder estas preguntas hay que tener clara la distinción entre los dos tipos de libertad que postuló el teórico político ruso-británico Isaiah Berlin[3]. En este sentido, existe un tipo de libertad (la llamada “libertad negativa”) que se defiende al limitar la capacidad del Estado de coaccionar a un ciudadano para no ejercer sus derechos de forma autónoma (por ejemplo, el derecho al sufragio o la libertad de prensa). Existe, así también, su opuesto y complemento: la “libertad positiva”, que se defiende al promover la acción e intervención del Estado para posibilitar el libre ejercicio de los derechos de un ciudadano (por ejemplo, los derechos sociales que sólo se asegura mediante acción directa del Estado [instituciones estatales gratuitas y de calidad] o indirecta [financiando organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro]).

Tomando lo anterior, si lo aplicamos al caso de la interrupción voluntaria del embarazo en las 3 causales propuestas por el gobierno (inviabilidad fetal, riesgo de vida de la madre y violación), podemos entender que el derecho puesto en juego es aquél de toda mujer a disponer de su cuerpo y de tomar por sí mismas las decisiones más acordes a sus propias posiciones éticas, en una circunstancia tan delicada que sólo puede definir cada una de ellas en su propio contexto particular. En ese sentido, la opción que abre el proyecto de Ley permite justamente que cada mujer pueda ejercer su propia elección, resguardando así a las ciudadanas en el ejercicio de sus derechos, frente a la imposición punitiva que hoy les acecha.

Esta semana se ha levantado una barrera más para lograr restablecer los derechos que históricamente habían alcanzado las mujeres, y que la maquinaria conservadora de la dictadura terminó por hacer añicos. Y es gracias al despertar de la ciudadanía empoderada que se ha podido presionar al poder político en este sentido, para recuperar todo aquello que se le ha sido arrebatado. Esperemos que este paso, por mínimo y pequeño que sea, pueda ser uno entre muchos otros que quedan para conseguir esta meta.

[1] “Datos y Cifras”. Recuperado de http://amnistia.cl/wp-content/uploads/2015/08/PRINCIPALES-DATOS-Y-CIFRAS-SOBRE-ABORTO-EN-CHILE.pdf. Consultado el 15 de enero de 2017.

[2] Ídem.

[3] Para una lectura más profunda, es recomendable leer el texto original del autor: Dos conceptos de Libertad. Disponible en: http://kybernautas.mx/filesblog/37c454c7-c87f-4d15-81a3-516f13de354f.pdf. Consultado el 16 de enero de 2017.

Por: Mathias Muñoz T.

Estudiante de Historia y Psicología.

Pontificia Universidad Católica de Chile.

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