A 100 años de la creación de la primera Escuela de Servicio Social en Latinoamérica, Chile enfrenta un debate que no solo es técnico, sino ético: reconocer el rol del Trabajo Social en salud.
No es una demanda corporativa, gremial o antojadiza; es una exigencia histórica, humana y necesaria para garantizar una atención integral y digna.
Con motivo de conmemorarse los 100 años de la creación de la primera Escuela de Servicio Social en Chile y Latinoamérica, inaugurada el 4 de mayo de 1925 bajo el alero del Servicio Nacional de Higiene por el Dr. Alejandro del Río, pionero de la salud pública en nuestro país, recordamos que desde ese momento el Trabajo Social comenzó a hacer historia en el ámbito sanitario, contribuyendo al fortalecimiento del Estado social y al desarrollo de políticas públicas basadas en la justicia y la equidad.
Desde aquellas primeras décadas – marcadas por la pobreza, la desigualdad y la búsqueda de un bienestar común- las visitadoras sociales han estado presentes en cada proceso histórico de transformación social en Chile: en la creación de los servicios de salud pública, en las reformas sociales del siglo XX, en la expansión de la educación sanitaria, en los movimientos por los derechos humanos y, más tarde, en las luchas por una atención más humana, solidaria e integral.
Esa trayectoria se vio reflejada también en los compromisos internacionales asumidos por nuestro país, especialmente tras la Declaración de Alma-Ata (1978), que reafirmó la atención primaria de salud como eje de justicia social, equidad y participación comunitaria. Son estos mismos principios los que han sostenido el quehacer del Trabajo Social en salud durante un siglo.
Hoy, frente a los cambios demográficos, epidemiológicos y sociales que atraviesa Chile – como el envejecimiento poblacional, la migración, las nuevas configuraciones familiares, el aumento de enfermedades crónicas no transmisibles, la salud mental como desafío prioritario y las desigualdades persistentes – , reafirmamos que la salud no se construye de manera individual ni desde el paradigma biomédico exclusivo, sino desde un enfoque integral, intersectorial y territorial.
Estos cambios nos obligan a mirar con atención a los actores y sectores que deben participar activamente en la construcción de la salud, entendida – según la Organización Panamericana de la Salud (OPS)- como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia”.
Desde esta concepción, la salud se construye colectivamente: en los barrios, las comunidades, los espacios cotidianos y las redes humanas. Se sostiene en las condiciones de vida, el entorno, las relaciones y la equidad de oportunidades. Por ello, las determinantes sociales de la salud no se abordan desde la consulta ni el laboratorio, sino en el territorio y junto a la comunidad, donde las y los trabajadores sociales ejercen su rol técnico, articulador y gestor de redes.
Desde los equipos de Trabajo Social en salud, gestionamos procesos comunitarios, fortalecemos redes familiares, articulamos sectores, acompañamos duelos, promovemos derechos y construimos bienestar desde la experiencia cotidiana de las personas. Esa es la esencia del enfoque biopsicosocial: comprender que la salud no es solo ausencia de enfermedad, sino un proceso colectivo, histórico y profundamente relacional.
Dicho lo anterior, manifiesto una profunda preocupación y rechazo ante la exclusión del Trabajo Social del Libro V del Código Sanitario, impulsada por la actual Ministra de Salud.
Esta exclusión constituye un acto de invisibilización histórica y técnica del rol que las y los profesionales del Trabajo Social hemos desempeñado en el sistema sanitario chileno durante un siglo de historia institucional, aportando a la promoción, prevención, rehabilitación y restitución de la salud integral desde un enfoque biopsicosocial, comunitario, intercultural y de derechos humanos.
Excluir a las y los trabajadores sociales de esta normativa implica negar la evidencia empírica y la trayectoria profesional de la disciplina en los distintos niveles de atención en salud, donde su quehacer se encuentra formalmente integrado en los equipos interdisciplinarios, conforme al Modelo de Atención Integral en Salud Familiar y Comunitaria del propio Ministerio de Salud.
Negar el rol clínico, técnico y experto del Trabajo Social en salud es, en los hechos, negar a las personas usuarias el derecho a una atención integral, holística, interdisciplinaria y digna, acorde a sus historias de vida, contextos sociales, trayectorias familiares y territoriales.
El Trabajo Social no solo interviene en la dimensión emocional y social del proceso salud-enfermedad, sino también en las determinantes estructurales de la salud, comprendiendo cómo la pobreza, la violencia, el hacinamiento, la exclusión, la migración o el abandono impactan directamente en los resultados sanitarios. Excluir esta mirada es retroceder décadas en el paradigma de salud pública, debilitando la capacidad del sistema para responder de manera justa, humanizada y equitativa.
El Trabajo Social Sanitario desarrolla acciones técnicas en ámbitos fundamentales tales como:
- Salud Mental y Psiquiatría (Ley N°21.331).
- Rehabilitación, Discapacidad y Curso de Vida.
- Salud Sexual y Reproductiva (Ley N°21.030).
- Acompañamiento por pérdida gestacional o perinatal (Ley Dominga, N°21.371).
- Derecho al acompañamiento de niños, niñas y adolescentes hospitalizados (Ley Mila, N°21.372).
- Cuidados Paliativos Universales (Ley N°21.375).
- Derechos y Deberes en Salud (Ley N°20.584).
- Garantías Explícitas en Salud (Ley N°19.966).
- COMGES 14.2 del Ministerio de Salud, sobre comités de protección infantil hospitalarios.
Asimismo, el Trabajo Social sanitario participa activamente en políticas públicas intersectoriales, entre ellas:
- Chile Crece Más (ex Chile Crece Contigo).
- Programa Nacional de Salud Mental.
- Estrategia de Cuidado Integral a Personas Mayores.
- Programa de Cuidados Paliativos y Alivio del Dolor.
En el ámbito asistencial, el rol técnico del Trabajo Social es clave en:
- Servicios de Urgencia y Hospitalización.
- Protocolos institucionales de denuncia por vulneración de derechos.
- Coordinación con redes territoriales e intersectoriales.
- Atención y acompañamiento en crisis familiares y psicosociales.
Negar este reconocimiento no solo es una omisión técnica: es un retroceso ético, político y sanitario. Implica desconocer que los procesos de salud y enfermedad no se definen únicamente por lo biológico, sino también por las condiciones de vida, las desigualdades estructurales y las violencias cotidianas que configuran el bienestar de las personas y comunidades.
Sin el aporte clínico y socio-técnico del Trabajo Social, se rompe el equilibrio interdisciplinario necesario para garantizar una atención integral, empática y efectiva. La salud deja de ser un derecho y se transforma en un servicio fragmentado, incapaz de mirar a las personas en toda su complejidad humana.
A lo largo de estos cien años, las y los trabajadores sociales hemos estado presentes donde más se necesita: en las salas de hospitalización y urgencias, en la primera contención ante el abuso o la pérdida, en la mediación de conflictos familiares, en la educación sanitaria, en una pandemia sociosanitaria, en la gestión de redes, en el acompañamiento a los duelos y en la reconstrucción de la esperanza.
No reconocer nuestro rol es desconocer esa historia, ese compromiso y la base misma de la salud pública con sentido de justicia social que Chile ha construido durante un siglo.
El país necesita políticas públicas que reconozcan la interdisciplina, no que la fragmenten.
Porque humanizar la salud es integrar todas las miradas que sostienen la vida y acompañan el sufrimiento.
Porque la salud no se construye solo en los pabellones, sino también en los hogares, en los territorios y en las relaciones humanas.
Este Código Sanitario debe representar lo que realmente se requiere en la sociedad actual: un sistema que ponga en el centro a las personas, no a las instituciones.
Un marco normativo que reconozca que la salud se construye en vínculo, en comunidad, y que el bienestar colectivo es un compromiso compartido entre Estado, equipos y ciudadanía.
Y lo decimos con claridad: esto no es ideología política, es un llamado ético y profesional a reconocer la evidencia, la historia y la humanidad que sostienen el sistema de salud. Es una demanda técnica y moral por un modelo que mire a las personas, no solo a las estructuras.
Por ello, el Estado de Chile, a través de su Ministerio de Salud, debe reconocer formalmente al Trabajo Social como profesión prestadora de salud, y que se garantice su incorporación explícita en el Libro V del Código Sanitario, en coherencia con las normativas nacionales e internacionales que sustentan el enfoque biopsicosocial, de curso de vida y de derechos.
Sin Trabajo Social, no hay Salud
🖋️ Maritza Ortega Palavecinos es trabajadora social sanitaria, jefa del Departamento de Intervención Psicosocial del Hospital Dra. Eloísa Díaz Insunza de La Florida.
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