“Tengo una foto que les puede interesar. Un perro anda con un pie humano en el hocico”, dijo Jocelyn Díaz, una joven de Puente Alto, al teléfono central del diario Las Últimas Noticias. Eran las once de la noche del 27 de marzo del 2006 y un reportero del Turno Nocturno del matutino partió raudo hasta el lugar que le indicaron: “Al fondo de Quitalmahue, en el paradero 47 de Santa Rosa”, fue lo que dijo Jocelyn al periodista.
A la medianoche, el reportero llegó hasta el lugar junto a Raúl Inzunza, un reconocido fotógrafo policial. Las imágenes prometidas por Jocelyn eran crudas. Un pie en buen estado con un corte seco donde termina el tobillo era la cotizada imagen, que se ofrecía al mejor postor. También se ofertaban planos más cercanos donde se apreciaban los mordiscos de “Rocky”, el can que tomó la extremidad en un peladero de la Villa Marta Brunet, en Puente Alto, y lo dejó en la entrada de un block de departamentos, ante la sorpresa de un grupo de niños que jugaban en la calle.
Así comienza la historia de uno de los crímenes más recordados de Chile, y que tuvo como parte de su desarrollo, la comuna de Puente Alto.
Investigación
El crimen de Hans Pozo Vergara quedó al descubierto el 27 de marzo de 2006 cuando uno de sus pies apareció en la villa Marta Brunet, en Bajos de Mena. Días después, la prensa conmocionaría a todo un país al dar cuenta que otras partes de su cuerpo aparecerían en distintos puntos del sector sur de Santiago. Entre ellas, su cabeza, la que presentaba dos disparos de un arma de 9mm.
El único sospechoso del homicidio y descuartizamiento, un funcionario municipal de nombre Jorge Iván Martínez Arévalo, se suicidó doce días después del hallazgo de la primera extremidad cercenada, al momento de ser visitado por Carabineros para ser interrogado. En 2007 la Fiscalía halló culpable a Martínez como único autor, quien conocía a Pozo y habría cometido los hechos debido a una supuesta extorsión de su víctima.
La historia de Pozo, sumida en la marginalidad, y las razones que llevaron a su brutal homicidio causaron impacto mediático y conmoción pública en la sociedad chilena. Su vida y muerte han sido retratadas en libros, películas, montajes teatrales y obras de arte.
Antecedentes del caso
Días antes de ser asesinado, Hans Pozo pernoctó junto con cuatro hombres en una garita del Paradero 30 de avenida Santa Rosa. Cuando la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones los entrevistó por separado, todos mencionaron el apellido «Martínez».
Las autoridades concluyeron que el homicida había refrigerado los restos de Pozo antes de abandonarlos en diferentes sectores de la ciudad, gracias al trabajo investigativo y al peritaje de las bolsas de basura en que fueron encontrados.
15 años después, el Fiscal a cargo de la Investigación, Pablo Sabaj, recuerda que “logramos identificar a la persona que vendía estas bolsas y que se las había vendido a Jorge Martínez, que tenía una heladería y a un familiar que tenía una carnicería”.
¿Quién era Martínez?
Toda la investigación giraba en torno a Jorge Martínez Arévalo, quien era un comerciante y funcionario municipal de La Pintana que aparentemente vivía una doble vida, y que mantenía una relación homosexual con Hans Pozo.
“Cuando concurre la policía a la heladería, él se suicida”, señala Sabaj.
En la heladería de Martínez, específicamente en el subterráneo, el OS9 determinó que se encontraron dos marcas que correspondían a las balas que mataron a Pozo y que eran de la misma arma con la que se suicidó Martínez. Además, en el asiento trasero de su vehículo se encontraron manchas de sangre, cuyo ADN coincidía con el de la víctima.
En junio de 2021, el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH) incluyó el asesinato de Hans Pozo en su listado de crímenes homófobos ocurridos en Chile. De acuerdo a dicha organización: «Este asesinato cumple con todas las características de un crimen homofóbico. El asesino, homosexual o no, intentó por todos los medios ocultar la verdadera relación que tenía con Hans por temor a que se descubrieran sus propias conductas sexuales. Su rechazo a ser vinculado con un joven gay que ejercía el comercio sexual, lo llevó sin duda a idear un crimen macabro, del que pretendía salir impune”.
Animita
En honor a Hans Pozo los veicnos y vecinas de Puente Alto levantaron una animita que recuerda al joven de 20 años asesinado, la que se ubica en Acceso Sur con calle Quitalmahue, frente a la villa Marta Brunet. Allí, seguidores de Hans, le atribuyen algunos milagros y le agradecen por el favor concedido.
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