A mediados de los 70´, Santiago comienza a experimentar diversos cambios sociales, caracterizados por la directa acción estatal. Puente Alto fue una de las comunas que más creció desde ese entonces.
En políticas sociales de vivienda, se implementó un plan de erradicaciones en el denominado “programa de viviendas básicas o programa de erradicación de campamentos”. Esta política buscaba por un lado, cubrir el gran déficit acumulado de viviendas que se expresaba en el aumento de los allegados y por otro despejar terrenos en los barrios de la zona oriente de la ciudad.
Uno de los resultados de este considerable movimiento de habitantes dentro de Santiago, fue que sólo cinco coumas del área sur del Gran Santiago: La Pintana, Puente Alto, La Granja, San Bernardo y Peñalolen fueron receptoras de este enorme contingente poblacional.
Del total de erradicados, un 77,3% fue desplazado hacia sectores alejados de su entorno habitual, por lo que muchas de esas familias sufrieron desarraigo de su entorno, llegando a otro completamente nuevo. Asimismo se produjo un deterioro de sus empleos (…) para la comuna receptora, generalmente con un pobre equipamiento e infraestructura, la llegada de esta masa de nuevos habitantes constituyó entre otros factores, un aumento en la demanda de los servicios públicos y mayores gastos para los municipios.
Hacia mediados de los 70´ en Puente Alto, las habitaciones precarias bordearán las 3.000 viviendas. Por ello, luego del quiebre democrático en el país, ésta seria una preocupación central de las nuevas autoridades comunales. La Alcaldesa Delia Núñez Belmar tendría un desafío no menor al dar solución a la problemática de la vivienda precaria.
Una primera solución fue otorgar casas a los habitantes de los campamentos, donde ya se comenzó a notar rasgos de una población (comuna) tipo-dormitorio, donde la mayoría de su población realiza una actividad económica fuera de su radio, en muchos casos recorriendo grandes distancias.
Las políticas sociales de las décadas siguientes sólo consiguieron profundizar esta realidad. La solución habitacional entregada a los más pobres durante los años de la dictadura militar (1973-1989), se denominó vivienda básica y se sustentó es una superficie mínima: un baño, una cocina, sala de estar y dos dormitorios. Esta tipología habitacional es la base de las políticas de viviendas que prevalecieron en los años 90´, transformándose en todo un símbolo del paisaje urbano de las ciudades chilenas, y Puente Alto no fue la excepción.
Puente Alto, destacó negativamente en este aspecto, desde 1980 hasta el 2002, fue la comuna que ocupó el primer lugar de construcciones con 31.057 unidades, que representan el 15,58% del total.
Es cosa de volver el recuerdo a las casas copeva, de la población Volcán San José, que se vieron completamente afectadas por un sistema frontal en el año 1997, donde estas casas recientemente entregadas terminaron completamente anegadas.
Crecimiento poblacionak y ¿nueva identidad?:
El número de habitantes pasó de ser 76.694 en el año 1970, a 113.211 en el año 1982. Luego, hasta el año 1992, la comuna alcanzó los 141.462 habitantes.
Pero fue hasta el año 2002, que Puente Alto se constituye como la comuna más habitada del país, llegando a los 501.042 habitantes.
En la actualidad, los malls, centros comerciales, servicios, sistema de red de transporte y la propiedad privada permiten llamar a este gran territorio, ciudad. Con más de 700.000 vecinos y vecinas viviendo aquí. Alejándonos cada vez más del término ”comuna dormitorio”.



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