Pese a llegar por equivocación a Puente Alto, el pingüino Pepe alegró a los vecinos con sus chapuzones en la antigua pileta de la plaza y los paseos por el lugar.
En los años setenta, un curioso visitante llegó a Puente Alto de una manera poco convencional: en el camión que transportaba pescados y mariscos desde el puerto de San Antonio hasta la pescadería Vasca, perteneciente a Don Tomás Cea y Concepción Arluciaga. Este peculiar inquilino, un pingüino al que pronto apodarían “Pepe” o “Pepito”, se convertiría en una figura querida en la comuna.
La pescadería Vasca, ubicada entonces en Av. Concha y Toro, era el punto de partida diario de las aventuras de Pepe. Escapándose de su hogar temporal, el pingüino se dirigía hacia la Plaza de Puente Alto, donde una pileta lo esperaba para un refrescante baño. Su presencia no pasaba desapercibida, atrayendo a numerosos espectadores que quedaban maravillados con sus travesuras acuáticas.
Sin embargo, la historia de Pepe tuvo un desenlace trágico. Un fatídico día, mientras cruzaba una calle, fue atropellado por un conductor que circulaba a exceso de velocidad, poniendo fin a su vida en un instante. Puente Alto quedó consternado por la pérdida de su entrañable amigo.
Es importante destacar que hubo dos pingüinos llamados Pepe en Puente Alto, pero el segundo es el más recordado y querido por los habitantes de la comuna. A pesar de su partida prematura, Pepe dejó una huella imborrable en los corazones de aquellos que tuvieron el privilegio de compartir su breve pero impactante presencia en la comuna.
Fuente informativa: Cultura Puente Alto
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