Las etiquetas medioambientales: un negocio opaco en el mundo automotriz
El mecánico y creador de contenido Ángel Gaitán ha provocado un revuelo en las redes sociales al denunciar una práctica que revela las sombras del mercado de las etiquetas medioambientales ECO. Según Gaitán, muchas personas están utilizando “triquiñuelas legales” para obtener estas etiquetas sin cumplir realmente con los criterios establecidos.
Un vacío legal y su aprovechamiento
Gaitán detalla un proceso en el que se instala temporalmente un sistema de gas (GLP o GNC) en vehículos diésel o de gasolina para homologarlos como ECO, se pasa la ITV y luego se desinstala el equipo. Esto se traduce en automóviles que circulan con privilegios de una etiqueta ECO sin haber reducido sus emisiones de manera real. El experto destaca que “obtenemos la etiqueta pagando”, una situación que según él, es cada vez más evidente y a la cual el sistema aún no ha dado respuesta adecuada.
El funcionamiento del sistema fraudulento
El mecánico explica que el engaño se concreta en cuatro sencillos pasos:
- Instalación temporal de un sistema de gas.
- Homologación del vehículo como ECO.
- Desinstalación del equipo tras la ITV.
- Beneficio de las ventajas durante años sin necesidad de mantener el gas en el vehículo.
Gaitán insiste en que el sistema no verifica el uso del gas, solo su instalación momentánea durante la inspección, lo que facilita el fraude especialmente con los coches diésel.
Impacto en la sociedad: ganadores y perdedores
Este sistema tiene varios beneficiarios y perjudicados:
- Tramposos: Logran importantes ahorros en impuestos y peajes urbanos. Por ejemplo, en Madrid, el costo de aparcamiento en zona SER con etiqueta ECO es significativamente menor.
Talleres ‘especializados’: Obtienen grandes ingresos por instalaciones que posteriormente son desmanteladas.
Ciudades: Sufren pérdidas económicas y la inefectividad de los planes de reducción de contaminación urbana por etiquetas ECO fraudulentas.
Conductores honestos: Se ven en desventaja por cumplir las normativas, enfrentando mayores costos para adquirir vehículos que, efectivamente, cumplen con los estándares ecológicos.
Crítica a la tecnología de Tesla
Además de abordar las prácticas relacionadas con las etiquetas ECO, Gaitán ha manifestado críticas hacia Tesla, particularmente en relación con sus cámaras de seguridad. En España, las grabaciones del ‘Modo Centinela’ no son admisibles como pruebas legales debido a las restricciones de protección de datos, lo que deja a los propietarios sin recursos frente a delitos, a pesar de tener evidencia en video. Según Gaitán, este desafío legal fomenta la impunidad en los actos vandálicos contra vehículos Tesla en ciudades como Madrid, Barcelona y Bilbao.
El creador de contenido sostiene que la adopción de tecnologías de otros países sin una correcta adaptación a las normativas locales es una tendencia problemática, y una de las razones por las que tales situaciones persisten.
En resumen, las prácticas reveladas por Ángel Gaitán no solo ponen en duda la eficacia de las etiquetas medioambientales, sino que también cuestionan aspectos de la legislación tecnológica en España, destacando la necesidad de ajustes normativos para abordar estas complejidades.
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