La visión optimista de Demis Hassabis sobre la inteligencia artificial
En el fascinante mundo de la inteligencia artificial, figuras como Sam Altman y Demis Hassabis capturan la atención con declaraciones sobre el prometedor futuro de esta tecnología. Hace no mucho, Sam Altman, conocido por ser el arquitecto detrás de ChatGPT, sorprendió al mundo asegurando que, gracias a la inteligencia artificial (IA), todos podríamos evolucionar hasta convertirnos en genios y vivir en un mundo donde el trabajo humano sería innecesario. Ahora, Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, se suma a la discusión con perspectivas aún más ambiciosas respecto al desarrollo de la inteligencia artificial general (AGI, por su acrónimo en inglés).
Inteligencia Artificial General: el umbral hacia un mundo “sobrehumano”
Según Hassabis, alcanzar la AGI podría transformarnos en “sobrehumanos”. Para él, esto no implica desarrollar habilidades de ciencia ficción como volar, sino vivir en un entorno radicalmente diferente al que conocemos. Como explicó en una entrevista con Wired, existe una probabilidad del 50% de que veamos el advenimiento de la AGI en los próximos cinco a diez años. Este pronóstico es considerablemente más optimista que el de otros expertos en IA.
De lograr desbloquear este nivel de inteligencia artificial, Hassabis vislumbra una era de “abundancia radical”. En esta realidad, desafíos actuales como el cambio climático o la escasez de recursos naturales podrían resolverse con facilidad, al igual que la erradicación de muchas enfermedades. Además, se produciría un cambio social significativo, con el potencial de que los seres humanos se vuelvan menos egoístas y más cooperativos al ya no necesitar competir por recursos limitados.
Los matices del optimismo de Hassabis
A pesar de su optimismo, Demis Hassabis no ignora los riesgos inherentes al desarrollo de la AGI. Aunque sueña con un mundo más armonioso y cooperativo, no descarta escenarios menos alentadores. Como cualquier tecnología poderosa, la IA puede emplearse para el bien o el mal. El uso intencionado de la IA para fines destructivos, o incluso fallos de seguridad sin un responsable claro, podrían tener consecuencias impredecibles.
Reconociendo estas posibilidades, Hassabis aboga por la cooperación internacional y la regulación como medios esenciales para mitigar tales riesgos. Aunque le inquieta la posible pérdida de empleos y los desafíos en la gobernanza de la IA, su postura sigue siendo esperanzadora. La IA, bien encaminada, tiene el potencial de revolucionar campos como la medicina y las ciencias, aportando beneficios significativos a la humanidad.
Este debate sobre los futuros posibles de la inteligencia artificial resalta una constante del progreso tecnológico: el equilibrio entre sus asombrosas promesas y los retos que plantea en su trayectoria hacia cambiar el mundo tal como lo conocemos.
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