En Florida, Estados Unidos, se enfrenta a un creciente problema con la pitón de Birmania, una especie invasora que ha llegado a extenderse ampliamente por la región. Originaria de la India y Pakistán, esta serpiente es la sexta más grande del mundo y puede llegar a medir hasta seis metros de largo y pesar más de 100 kilos. A pesar de su tamaño, las pitones de Birmania son expertas en ocultarse entre la maleza, lo cual dificulta su detección y captura.
Innovaciones tecnológicas en el control de especies invasoras
Para abordar este problema, investigadores de la Universidad de Florida han recurrido a la tecnología como solución innovadora. Atrapar estas serpientes ha demostrado ser una tarea desafiante, principalmente debido a su habilidad para mantenerse ocultas y a la extensión del área a cubrir. Inicialmente, se intentó utilizar jaulas con conejos reales, pero el proceso resultó ser impráctico debido a la necesidad de mantenimiento constante.
El uso de conejos robot
Como respuesta a este desafío, los científicos han diseñado una estrategia tecnológica incorporando conejos robot. Estos dispositivos consisten en peluches modificados, equipados con motores para emular el movimiento, y cámaras dotadas de reconocimiento animal mediante inteligencia artificial. Cuando un conejo robot detecta una serpiente, notifica a los investigadores para permitir su captura.
Una característica destacada de estos robots es su capacidad para emitir calor, simulando la temperatura corporal de un conejo real que oscila entre los 38 y 40 grados centígrados. Este enfoque se basa en el conocimiento de que las pitones cazan mediante la detección de calor. A diferencia de los conejos vivos, estos conejos robóticos no requieren jaulas ni alimentación periódica, aunque sus baterías necesitan ser recargadas regularmente.
Estrategias alternativas y expectativas futuras
A pesar de la implementación de esta tecnología, permanece la incertidumbre sobre cómo reaccionarán las pitones a los conejos robot. En caso de que las serpientes no sean atraídas por curiosidad, los científicos están considerando alternativas, como el uso de orina de conejo para aumentar la efectividad de la trampa. Según Mike Kirkland, biólogo jefe especializado en animales invasores del Distrito de Gestión del Agua del Sur de Florida, “si podemos observar un número estadísticamente significativo de pitones que se acercan a investigar estos conejos robóticos y los corrales, sería un éxito, porque en este momento las pitones hacen un excelente trabajo manteniéndose ocultas”.
Con el despliegue de 40 conejos robot, el esfuerzo por controlar la población de pitones en Florida está marcado por la cooperación entre tecnología e investigación biológica, demostrando cómo las innovaciones tecnológicas pueden desempeñar un papel crucial en la gestión de problemas ambientales.
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