El visionario inventor español
Antes de que nombres globales como Steve Jobs se convirtieran en sinónimo de innovación tecnológica, un español llamado Leonardo Torres Quevedo ya había dejado su huella en la historia de la informática. Poco conocido fuera de círculos académicos, Torres Quevedo fue un verdadero pionero que, a principios del siglo XX, desarrolló una máquina capaz de realizar tareas que hoy consideramos básicas para la inteligencia artificial: razonar y jugar al ajedrez de forma autónoma.
El Ajedrecista: más que un juego
En 1912, Torres Quevedo presentó al mundo una de sus más notables innovaciones, “El Ajedrecista”. No se trataba de un simple pasatiempo, sino de un autómata electromecánico programado para jugar partidas de ajedrez con un oponente humano. Esta máquina podía analizar posiciones, seguir reglas condicionales y advertir al jugador de errores mediante luces y sonidos, anunciando incluso jaque o mate. Aunque actualmente contamos con programas de ajedrez avanzados, en aquella época, semejante invención era toda una proeza.
Más allá del ajedrez: innovaciones tempranas
El talento de Torres Quevedo no se limitó al ámbito de los juegos. En 1903, destacó en el campo de la tecnología inalámbrica con la creación del Telekino, el primer sistema de control remoto mediante ondas de radio, que permitió el manejo a distancia de objetos mucho antes de que los mandos a distancia se convirtieran en parte de la vida diaria. Asimismo, aportó al desarrollo de la aeronáutica dirigiendo la construcción del primer dirigible español en 1905.
Un legado subestimado
A pesar de sus impresionantes contribuciones, el legado de Torres Quevedo sigue siendo poco conocido. En 1916, construyó el “Spanish Aerocar”, un transbordador aéreo que aún opera sobre las cataratas del Niágara. La innovación de sus inventos apenas ha sido reconocida a nivel popular, incluso cuando gigantes tecnológicos como Google lo homenajearon en 2012 con un Doodle en su página principal, con motivo del 160 aniversario de su nacimiento.
Un invento adelantado a su tiempo
El Ajedrecista se erige como una clara evidencia del ingenio y la visión de Torres Quevedo, diferenciándose de contemporáneos como El Turco, un autómata del siglo XVIII que ocultaba un jugador humano. A diferencia de estas ilusiones mecánicas, El Ajedrecista operaba mediante tecnología verdadera, contando con sensores electromagnéticos y brazos mecánicos que movían las piezas. Esto estableció fundamentos que, de alguna forma, fortalecieron las bases de la informática y la automatización modernas.
Exploración y reconocimiento en la actualidad
Hoy en día, el Museo Torres Quevedo, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid, conserva muchas de sus invenciones. Para aquellos interesados en la historia de la tecnología, representa una oportunidad para conectar no solo con el pasado, sino con las raíces de las innovaciones que moldean nuestro presente digital.
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