Nacido desde ensayos en la calle, el Club de Huasos Alma Chilena hoy reúne a más de 50 niños y niñas de la comuna, promoviendo la cueca, la identidad cultural y el trabajo comunitario, pese a la falta de recursos.
De un pasaje a un proyecto comunitario
Yohana García, directora y fundadora del club, cuenta que el proyecto nació de forma muy simple: con ensayos fuera de su casa, en un pasaje de Puente Alto. “Partimos con seis niños, y desde el primer día fue algo maravilloso”, recuerda.
El crecimiento fue espontáneo. Mientras ensayaban, otros niños se acercaban a mirar. “Yo les preguntaba si querían bailar. Me decían que no sabían, y yo les respondía: ‘yo te enseño’”. En ese entonces, solo ella y su hijo, Benjamín Santibáñez, estaban a cargo.
Más que baile: impacto en la vida de los niños
Hoy, el club reúne a más de 50 niños y niñas, lo que para su directora es una fuente constante de motivación. Más allá del número, destaca el impacto personal en cada integrante.
“Les cambia la forma de ver la vida, mejora su autoestima, se sienten más seguros y desarrollan su personalidad”, afirma.

Para García, la cueca va mucho más allá del baile. “No es solo un baile, es parte de lo que somos como país”, explica, destacando también beneficios como la coordinación, el ritmo y la expresión corporal.
Un espacio que une más allá de los colegios
El club trabaja con estudiantes de distintos establecimientos de la comuna, generando un espacio de integración y comunidad.
“Cuando nos juntamos, dejamos de ser colegios distintos y pasamos a ser uno solo”, señala.
Trabajo voluntario y falta de recursos
Actualmente, el proyecto se sostiene gracias al trabajo voluntario de cuatro profesores: Benjamín Santibáñez, Abraham Urbina, Javier Neto y la propia Yohana García.
“Nos mueve la sonrisa de cada niño, cuando dicen ‘tía, lo logré’. Ahí sabemos que todo vale la pena”, comenta, aunque reconoce que a futuro espera poder gestionar sueldos para el equipo.
Entre las principales dificultades, menciona la falta de recursos, especialmente en vestuario y traslados. “Hay niños que no cuentan con apoyo familiar ni medios para tener su traje, pero otros mismos compañeros prestan sus vestimentas para que puedan presentarse”.
El sueño: más cueca y más oportunidades
Si bien en 2023 recibieron algunas ayudas, actualmente el club funciona de manera independiente. Aun así, mantienen grandes proyecciones.

Su objetivo es expandirse, llegar a más lugares y enseñar cueca sin importar edad, origen o nacionalidad.
“El sueño es ver muchos pañuelos al viento y que cada uno baile la cueca como la sienta, sin ego”, dice García.
Al recordar sus inicios, la emoción aparece. “Una vez, sentados en la cuneta con seis niños, miramos al cielo y dijimos: ‘¿se imaginan ser un club con muchas personas, tener un nombre y polerones?’… y aquí estamos”, cuenta.
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