La fundadora del club impulsa un modelo que combina equitación deportiva, enfoque terapéutico e inclusión, apostando por abrir un mundo tradicionalmente exclusivo a más personas.
Horizonte Ecuestre no nació desde un plan de negocios tradicional, sino desde una experiencia familiar. Andrea, junto a su esposo, su socio y sus hijas, descubrió el mundo de la equitación hace algunos años y decidió dar un paso más allá. “La idea nace desde el amor como familia por los caballos y por este deporte”, cuenta la emprendedora, quien lidera hoy un proyecto que combina formación, vínculo emocional y desarrollo deportivo.

El club surge también desde una mirada distinta: construir un espacio donde los caballos reciban el mismo cuidado que ella siempre quiso para los suyos, y donde las personas puedan aprender en un entorno cercano.
Más que equitación: una propuesta con enfoque terapéutico
Uno de los sellos de Horizonte Ecuestre es su vínculo con la equinoterapia, a través de una alianza con una organización especializada. A partir de esa colaboración, el club busca ir más allá del proceso terapéutico, ofreciendo continuidad a niños y jóvenes que desean seguir desarrollándose en el mundo ecuestre. “El objetivo es que puedan pasar de la terapia a una equitación deportiva adaptada, donde se sientan capaces de crecer, competir y desarrollarse”, explica Andrea.
Este enfoque permite transformar la experiencia con los caballos en una herramienta de desarrollo personal, físico y emocional.
Un negocio de nicho que busca abrirse a más personas
La equitación suele ser percibida como un rubro elitista, tanto por sus costos como por el acceso limitado. Sin embargo, desde Horizonte Ecuestre buscan cambiar esa lógica. Aunque reconoce que es una disciplina costosa, principalmente por la mantención de los caballos, Andrea asegura que han trabajado para reducir las barreras de entrada.
“Queremos demostrar que cualquier persona puede acercarse a este mundo. Facilitamos caballos, implementos y buscamos opciones accesibles”, señala.
Además, el club ofrece servicios como la pensión de caballos, donde propietarios pueden dejar a sus animales bajo cuidado profesional, con foco en su bienestar físico y emocional.

Liderar en un rubro exigente
Emprender en el mundo ecuestre no ha sido fácil. Andrea reconoce que ha debido enfrentar barreras propias de un entorno competitivo y, en ocasiones, complejo. “Hay que ser una mujer con carácter fuerte, demostrar capacidades y abrirse camino en un medio que puede ser hostil”, afirma.
A esto se suma el desafío de sostener un proyecto que requiere alta inversión, dedicación constante y cercanía con los clientes.
Una comunidad más allá del deporte
Más que un club deportivo, Horizonte Ecuestre busca consolidarse como un espacio comunitario. La idea, según Andrea, es construir un entorno familiar donde prime el compañerismo por sobre la competencia.
“Queremos que sea un refugio, un lugar donde los niños y sus familias se sientan contenidos”, explica.
Esta visión se refleja en la forma en que se relacionan alumnos, apoderados y equipo, fortaleciendo un sentido de pertenencia en torno al proyecto.
Crecer sin perder la esencia
A futuro, la emprendedora proyecta consolidar el nombre de Horizonte Ecuestre y fortalecer sus actuales sedes antes de pensar en una expansión. El objetivo es claro: posicionarse como un club innovador, inclusivo y centrado en las personas.
Para Andrea, la definición del proyecto es simple pero potente. “Horizonte Ecuestre es una nueva visión de la equitación”
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