Una joven estudiante de la Usach, proveniente de la Provincia Cordillera, decide ser voluntaria de bomberos y relata su paso por uno de los siniestros más grandes del último tiempo a nivel país.
Alondra Bunster de 23 años, vive en San José de Maipo, es bombera voluntaria de la Novena Compañía de Bomberos de Puente Alto y estudia medicina en la Usach, universidad que publicó una entrevista donde la joven cuenta su paso por los incendios forestales en la Región de Ñuble.
Nació en San José de Maipo, y en sus primeros años de vida tuvo que trasladarse junto a su familia hasta Chiloé, llegando a la comuna de Queilen, donde su padre trabajaría por seis años.
Cuando tenía 12 años, volvió a Santiago para instalarse nuevamente en el Cajón del Maipo, junto a la Tercera Compañía de Bomberos de la comuna. Ahí nació su atracción por los carros bomba, las sirenas y las salidas de emergencia.
Actualmente, la joven cursa cuarto año de Medicina en la Universidad de Santiago y es parte de la Novena Compañía de Puente Alto.
Motivada por la vocación de servicio y por la institución que vio desde pequeña, emprendió rumbo a la provincia de Diguillín en la región de Ñuble, para ayudar a combatir el incendio forestal que afectó a gran parte de la zona centro – sur de nuestro país.
Equilibrio entre estudios y voluntariado
”El primer año tuve que retirarme de Bomberos. No estaba rindiendo en los estudios y solo después de un año académico más exitoso mis papás me dejaron volver. Ahora todo ha sido más tranquilo: el año pasado estuve 147 noches durmiendo en la Bomba y he logrado un equilibrio donde ya no tengo ningún problema en ese aspecto.
Además en la Compañía me tienen un escritorio y me encierro en la guardia a estudiar, porque en general siempre tengo el dormitorio para mi ya que tenemos espacio separado con los hombres. Me dan todas las facilidades para hacer ambas cosas”.
Experiencia en incendios forestales zona centro-sur del país
”Fui en la primera delegación que se trasladó desde la Región Metropolitana hasta Quillón. En estas situaciones la gente demuestra mucho cariño. Nuestra caravana iba con decenas de carros, buses con voluntarias/os y por toda la carretera vimos una gran cantidad de personas que nos aplaudían.
Eran muchas las muestras de cariño por parte de la comunidad, nunca había sentido eso. Eso sí, el ambiente era horrible: era como si hubiera neblina todo el día. Y en mi perspectiva como estudiante del área de la salud veía cómo las/os adultos mayores caminaban en ese ambiente, muchos resignados y sin mascarillas.
El trabajo estuvo enfocado en la protección de viviendas. Las condiciones eran muy complejas: lo más difícil fue trabajar en un terreno distinto, con otro tipo de vegetación, y como estábamos pasando por una ola de calor nos manteníamos a las cuatro de la tarde con temperaturas superiores a los 40 grados de calor.
Los vecinos tenían estanques de mil litros, motobombas e incluso en algunas casas tenían mangueras, pitones, herramientas forestales y hacían cortafuegos. Eso fue determinante en el control de los incendios por la magnitud que tenían”.
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