El año 2020 fue diferente al resto de los que habíamos vivido. El confinamiento, marcó nuestras rutinas y las de aquellos que acababan de llegar al mundo. Muchos niños y niñas nacieron rodeados de gente con mascarilla, sin visitas ni contacto con el mundo exterior, producto del Covid-19; la denominada “generación pandémica”.
Dos años más tarde, esos bebés se transformaron en niños y niñas, que comienzan a descubrir el mundo y -quizá por primera vez- interactuar con sus pares y con educadores, sorprendiendo y a veces preocupando a padres y apoderados producto de algunos comportamientos.
“¿Tengo un niño pandémico o con necesidades educativas especiales? Se preguntan padres y apoderados al ver que sus hijos de 2 años no hablan, o no se incorporan a grupos de su edad o no realizan actividades motrices finas, como otros niños”, explica Juan Miguel Valenzuela, jefe de carrera de Técnico en Educación Especial en Santo Tomás Puente Alto.
“La verdad -señala- es que tradicionalmente, al cumplir 2 años un niño comienza a mostrar mayor independencia e interacción con sus pares; siente la necesidad de explorar y eso aumenta su movilidad y participación en juegos sociales, desarrollando el lenguaje, usando frases de dos o tres palabras”, enfatiza.
Entonces, ¿qué pasa con los niños y niñas que no están cumpliendo con estos aprendizajes?. El docente hace un llamado a la calma, puesto que aún cuando el contexto pandémico cambió el desarrollo de los niños, “estos son flexibles y en la mayor parte de los casos, llevarán a cabo sus aprendizajes, gracias a la estimulación realizada en casa o jardines infantiles”.
A esta edad los educadores aumentan el vocabulario de los pequeños, con actividades donde les presentan saludos, los días de la semana, colores y otros conceptos que se pueden reforzar en el hogar.
“Si el niño no asiste a educación pre-escolar, entonces padre-madre o cuidador puede trabajar estos conceptos con los niños, jugando, sin preocuparse aún por un trastorno del lenguaje, ya que estos se diagnostican a partir de los 3 años, que es cuando podemos derivar a escuelas de lenguaje”, comenta el docente.
El desarrollo motor se lleva a cabo sin importar el confinamiento, ya que la motricidad gruesa se da de forma natural al querer correr, saltar y trepar. “El caso de la motricidad fina puede verse más dificultado, pero a los dos años no es significativo aún y se puede trabajar y desarrollar más adelante”, afirma Valenzuela.
“Lo que si se ha visto afectado, por las condiciones de vida de confinamiento, es el desarrollo social y, en particular, la empatía, que es reconocer la presencia del otro y de sus emociones, por lo que la recomendación es -en lo posible- integrarlo a grupos de su edad en contexto escolar y si no es posible, interactuar con primos o vecinos, ya que la empatía es la clave de la vida en sociedad”, enfatiza.
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