Una fábrica nacional, la primera de Puente Alto, que fue un impulso económico tanto para la comuna como para el país, pero que tiene una oscura historia detrás acerca de su primer dueño.
La Fábrica Textil Victoria, se fundó el 8 de agosto de 1894 y comenzó su funciones al día siguiente. Trabajaba con medias, calcetines, chalecos o camisetas, empleando lana, seda o algodón. Sus productos eran de excelente calidad.
Esta industria, contó con un conjunto habitacional en sus terrenos, casas destinadas a sus trabajadoras y trabajadores, también había una escuela para los niños y niñas de aquellas familias.
Los dueños, optaron por instalar la fábrica en un un lugar donde se aprovecharan las aguas del canal Eyzaguirre, puesto que de allí tomaría la energía necesaria.
Su ubicación específica estaba en el sector puentealtino que actualmente es habitado por los vecinos y vecinas de la Villa Jardín Oriente.
Esto permitió a la empresa contar con su propia planta, la cual abasteció de energía y calefacción a toda la industria, incluyendo la población de trabajadores que hubo en su interior.
La Fábrica se caracterizó por la elaboración de productos de excelente calidad y distinción. Además de su influencia en el mercado nacional y su nivel de competencia con productos importados, destacando a nuestros obreros, quienes alcanzaron un alto grado técnico.
“Muchos de nuestros compatriotas creen en la falsa idea de que solo lo importado es bueno. Sin embargo, han sufrido gran decepción y sorpresa al adquirir medias de marca Nylon, en Buenos Aires, enterándose después en Chile que en realidad eran productos de la Fábrica de Tejidos Victoria de Puente Alto”, indican desde la fábrica.
Para finales de los 90 y empezando el 2000, los dueños de la fábrica decidieron ponerle fin a la industria por el rápido posicionamiento de la competencia extranjera por sobre ellos, ocasionando el decaimiento de la fábrica puentealtina. Sin vuelta atrás, no volvió a abrir desde ese momento.
Una oscura historia detrás
Al poco tiempo de su inicio, esta industria debió negociar un nuevo registro de socios, ya que uno de los fundadores huyó del país tras cometer un grave crimen.
Se trata de Luis Matta Pérez, connotado abogado que pertenecía a los círculos de las elites y al bando vencedor de la guerra civil de 1891.
Quien en 1896 optó por huir del país, luego de ser protagonista de uno de los escándalos con mayor repercusión social en Chile a fines del siglo XIX.
Se trata del asesinato de la joven Sara Bell Recabarren, de 23 años, quien buscó al hombre para ser asesorada legalmente.
Con el tiempo, su relación fue tomando una índole romántica, hasta que la primera novia de Matta Pérez se enteró, y llegaron los problemas. Fueron tantos, que el hombre optó por matar a Sara, mediante varias dosis de veneno y estrangulación.
La prensa de la época y los rumores familiarizaron al público con los nombres de diversos venenos: arsénico, estricnina, digitalina y cianuro de potasio, sumado al cloroformo que Luis y su criada aplicaban sobre la nariz y boca de Sara para calmar, supuestamente, sus ataques de histeria.
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