La Pata del Diablo es un atractivo dentro del Cajón del Maipo, muchos especulan con su creación, una de las historias de este origen es la leyenda de “El Puente Colgante”, una historia entre un hombre normal que engañó al mismísimo diablo.
“El Puente Colgante”
Don Ramón quería probar al mismísimo diablo, para ver quién de los dos era más astuto y así demostrarles a sus amigos la hombría que llevaba en sí. Para poder desarrollar su plan, se fue una medianoche de un jueves frío y tenebroso al sector de lo que hoy se conoce como La Pata del diablo. Allí esperó al demonio para desafiar a realizar una prueba muy simple.
La noche fría como boca de lobo le mordía los talones y el cuello, pero a pesar de esto su valentía seguía en pie, junto a su firme corazón. Cuando Satanás apareció, vestido de negro completamente, don Ramón se sacó la chupalla y con mucho respeto le dijo:
-Don diablo, yo quiero desafiarte a una prueba de valor e ingenio
El diablo, con una seguridad y frialdad propias de él, le respondió:
-¡Quieres desafiarme, tú, pobre e insignificante mortal!
-Pero no se enoje, Su Maligna Majestad…
-¿De qué se trata, gusano?, ¿No sabes que el que me desafía pone en juego su alma?
-Entonces, diablito, si yo gano me dará riquezas y poder. Si pierdo, usted se llevará mi alma.
-Está bien. ¿Pero de qué se trata?
-De construir un puente colgante en este lugar.
Satanás se rió a carcajadas, y sus algazaras resonaron en los cerros de tal manera, que la misma noche se recogió en su manto de negrura para no seguir escuchando.
-Entonces mañana comenzamos –exclamó don Ramón.
-De acuerdo –dijo el demonio–, pero ya sabes: el que termina el puente primero gana.
-Como usted diga, diablillo.
-¡Y cállate, que tu alma será mía!
Don Ramón comenzó a ejecutar su plan: enterró cruces benditas por los sectores en los que el diablo tenía que cavar para construir su puente. Todo lo fue preparando con mucha cautela. Este humilde campesino estaba convencido de que el diablo caería en su trampa.
Cuando llegó el día de la construcción el diablo comenzó a cavar, pero grande fue su sorpresa y asco al encontrar cruces sembradas por todos lados. Tanta rabia tenía el señor de la oscuridad, que creciendo de una forma impresionante arrancó hacia la cordillera y dejó marcadas sus pisadas y sus manos. Al día siguiente de este suceso a Don Ramón le aparecieron dos baúles repletos de oro. En lo que respecta al demonio no se le vio aparecer durante mucho tiempo.
Dicen que cuando Don Ramón murió el diablo se apareció en su funeral con un saco lleno de cruces, que las dejó en la puerta de la casa de aquel que le había ganado en un desafío y riéndose con gran estruendo exclamó:
-¡De nada te sirvió ganarme con engaños, pobre estúpido, igual vengo por tu alma!
(Historia de Julio Arancibia publicada en el Dedal de Oro)
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