En 1998, la familia de Mónica Arce se estableció en Villa La Primavera de Puente Alto, dejando atrás el bullicio de Quilicura. Tenía apenas doce años cuando, por primera vez, sintió el frío intenso de la precordillera: “Me acuerdo que nos sorprendió la nieve… tenía los dedos de los pies morados por el frío”, recuerda con una sonrisa. Aquel invierno de contrastes marcó el inicio de un vínculo profundo con un barrio que la recibiría con paisajes inéditos y un aire vibrante que jamás había conocido.
Los veranos traían paseos al río, aventuras que se convertían en festines de zarzamoras silvestres. “Los momentos más lindos eran bajar al río, recoger zarzamoras y regresar toda rasguñada, pero feliz, porque mi mamá hacía mermeladas con esas moras”, cuenta. Junto a su hermano y los vecinos, aprendió a disfrutar de un entorno natural que hoy defiende con cariño: para ella, Puente Alto posee una belleza única, “visualmente hermoso”, que no se encuentra en otra parte de Santiago.
No conocía ese viento cordillerano que es tibio en pleno invierno, ‘’nunca lo había vivido, hasta el día de hoy se escucha el silbido’’, continuó. ‘’Sigo diciendo que voy a Puente o voy a Santiago, mucha gente no lo entiende’’.
La maternidad también echó raíces en el corazón de la comuna. Su primer hijo nació en el Hospital Padre Hurtado y los tres siguientes en el Sótero del Río, reforzando su lazo con la comunidad local. Además, tanto sus hijos, como el padre de su hijo menor y la mamá de este, estudiaron en el Colegio Los Andes, un emblemático establecimiento que une generaciones.
Como buena caminadora, de adolescente recorría la calle Santa Rosa, entre Puente Alto y La Pintana, mientras veía el atardecer entre las parcelas, escuchando su música favorita. Hoy, lo hace por Camilo Henríquez para comprar pancito amasado y empanadas en aquellos puestos artesanales tradicionales que hay por la zona. También guarda el recuerdo del Bar 38: “Fue mi lugar favorito en una época de mi vida”, confiesa. Además, exploraba en bicicleta hasta Las Vizcachas, hacía una parada para tomar Mote con Huesillo, y continuaba hasta La Obra. En otras ocasiones, junto a su abuelo y otros familiares, subía el cerro La Ballena y el cerro La Virgen.
Como diputada, defiende el rigor de sus raíces y la riqueza cultural de una provincia que muchos confunden con un sector más de Santiago. Su historia invita a cambiar el estigma que hay hacia la comuna y a impulsar el turismo en Pirque y San José de Maipo, Mejorar el acceso al agua potable, cuidar nuestras reservas naturales y espacios verdes.
‘’Mejorar la infraestructura y hacer de nuestros lugares más alegres’’ Expresa Mónica, respecto a lo que quiere para el territorio. Porque en cada calle, cada escuela y cada parque late el pulso de una comunidad determinada a crecer con gente esforzada y bien intencionada.
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