Pocos saben quién fue realmente “Cachencho”, pero su nombre sigue vivo en una de las esquinas más reconocidas de Puente Alto: la intersección de Santa Rosa con Eyzaguirre. Lo que comenzó como una referencia funcional para choferes y pasajeros, es en realidad una historia que mezcla automovilismo, memoria local y la vida de un personaje entrañable de la comuna: Eugenio Abuín Lyotard.
La expresión “la vuelta” tiene su origen en las carreras del Circuito Sur, que unían Santiago con Puente Alto a principios del siglo XX. En esa época, los pilotos atravesaban una extensa recta desde el centro de la capital hasta una peligrosa curva en Bajos de Mena, que conectaba con la subida por Eyzaguirre. La precariedad de los frenos en aquellos años causó múltiples accidentes fatales, convirtiendo a ese sector en un punto temido del trazado. Con el tiempo, esa curva pasó a ser conocida simplemente como “la vuelta”.
El apodo “Cachencho” se sumó años después. Eugenio Abuín era hijo de un español y una francesa, y el penúltimo de doce hermanos. Desde pequeño ayudó en el negocio familiar, especialmente en el almacén “La Vara”, administrado por su madre, Teresa. Su padre, Marcelino, atendía otro local en el fundo Las Rosas, donde fue asesinado en un asalto que también dejó herido a Eugenio, quien sobrevivió fingiendo su muerte.
El apodo que lo inmortalizaría no surgió por este hecho trágico, sino por una anécdota infantil. Un cliente habitual del almacén, Pepé López Santamaría, lo bautizó como “Cachencho” por su parecido con un personaje de historieta de la época, y por su costumbre de chuparse el dedo índice.
Ya adulto, Eugenio se casó con Ena Godoy y abrió su propio almacén en la esquina de Santa Rosa con Eyzaguirre, con apoyo de su madre. Pronto, su carisma, generosidad y espíritu servicial convirtieron el local en un punto de encuentro. Gracias a su popularidad, los vecinos comenzaron a identificar el lugar como “la vuelta de Cachencho”, una expresión que con los años se hizo parte del lenguaje cotidiano de la comuna.
Aunque no existe una placa con su nombre, ni una calle que lo conmemore, “la vuelta de Cachencho” sigue siendo un referente geográfico y emocional para generaciones de puentealtinos. Eugenio Abuín falleció el 1 de abril de 1970, pocos días antes de cumplir 63 años, dejando un legado popular que vive en cada mención de esa esquina.
Esta historia fue reconstruida a partir del testimonio de Francisco Rivera Abuín, sobrino de “Cachencho”, quien ha conservado viva la memoria de este vecino que marcó, sin proponérselo, la identidad de toda una comunidad.
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