Creció entre sacos de harina, hornos encendidos y juegos de infancia en la panadería de su abuelo. Hoy, representa a La Florida en el Miss Universo Chile 2025 con una historia de esfuerzo, transformación y propósito. Catalina Samaniego quiere ser más que una reina de belleza: quiere inspirar.
Cuando Catalina Samaniego habla de su infancia, no menciona vestidos ni coronas. Menciona pan. Olor a pan recién horneado, cajas registradoras de juguete y tardes compartidas con su hermana jugando a ser vendedoras en la panadería familiar. “Mi familia tiene una historia en Maipo, somos una gran familia panadera y que se ha construido en base al esfuerzo, traspasando generaciones. Antes no existían los supermercados y las panaderías eran un punto de encuentro. Ahí crecí y son mis mejores recuerdos de infancia”, recuerda con una sonrisa que también huele a nostalgia.
Catalina, actual candidata a Miss Universo Chile representando a la comuna de La Florida, lleva con orgullo la historia de su familia. Vivió entre Pirque, Puente Alto y La Florida, en un recorrido territorial que también refleja un trayecto de crecimiento personal. “Representar a La Florida me agrega una carga de responsabilidad y orgullo a la vez. Llevo la banda de los lugares donde nací y donde crecí”.
Pero su historia no parte en el escenario. Desde los 16 años, ha trabajado como maquilladora y productora de moda. “Recuerdo que en el colegio compré mi primera paleta de maquillaje, lo cual, en principio, fue solo un juego. Empecé maquillando a mis hermanas y a mi mamá, y para mi sorpresa, ¡lo hacía bastante bien!”. Ese juego se transformó en un oficio y, más tarde, en su primer emprendimiento. Lo que comenzó con recomendaciones caseras en redes sociales terminó por posicionarla en producciones de artistas del género urbano y en una comunidad digital que hoy la sigue por su contenido sobre belleza y perfumes.
Catalina conoce el detrás de escena del mundo que hoy la tiene como protagonista. De hecho, fue allí donde encontró su impulso para cruzar la línea. “El año pasado tuve la oportunidad de trabajar con una candidata al Miss Chile. Me encontraba atravesando un proceso personal complicado, y esta experiencia se convirtió en una especie de escape para mí. Produje gran parte de su trabajo, y para mi sorpresa, lo disfruté enormemente. Esa vivencia resultó ser sumamente motivadora, y aquí estoy hoy, con la ilusión de poder compartir esta historia”.
En cada paso, Catalina ha defendido una idea que atraviesa toda su narrativa: ser auténtica. “Creo que la capacidad de ser genuinos es un atributo que me ha definido siempre. Así es mi personalidad. De todos modos, estoy trabajando para controlar mi confianza y exceso de energía. Trabajar el autoconocimiento y el control me da más seguridad”.
Y no es la única idea que defiende. Tiene una visión clara de lo que significa ser mujer hoy en Chile. “Las mujeres chilenas se destacan por su espíritu determinado y resiliente. Muchas mantienen familias solas, trabajan en entornos familiares y geográficos adversos. Y también están ocupando espacios en política, en el deporte, en lugares donde antes no se las veía”. En sus palabras, ser fuerte no es un punto de partida, sino un aprendizaje cotidiano. “Una mujer no nace fuerte. Se hace fuerte en la vida”.
Por eso, no se identifica con “el molde” tradicional de un certamen. Y cree que muchas jóvenes tampoco deberían hacerlo. “Ustedes tienen tanto que aportar al mundo más allá de la apariencia física. Somos críticos del presente, pero hace décadas atrás era peor. Debemos seguir avanzando en inclusión, donde cualquier tipo de ‘molde’ tenga su espacio”.
Catalina no quiere pasar por el Miss Universo Chile solo como concursante. Si gana, tiene un proyecto claro: empoderar a mujeres que han sido víctimas de violencia o enfermedades traumáticas, como el cáncer, usando el maquillaje y el bienestar como herramientas de reconstrucción emocional. “Mi mayor aspiración es brindarles un espacio seguro donde puedan recobrar su autoestima. Creo firmemente que estas herramientas pueden ser transformadoras para mujeres que han pasado por situaciones vulnerables”.
Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, su respuesta no tiene dudas ni adornos: “Como una candidata espontánea, que puede utilizar la belleza como un medio para conectar con un público, mover y activar pequeñas causas sociales y que nunca ha aparentado nada más que lo que ven”.
Desde el calor de los hornos familiares hasta el escenario de un certamen nacional, Catalina Samaniego no ha cambiado su esencia. Solo ha ampliado su voz.

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