En medio del creciente interés y preocupación por la inteligencia artificial (IA), la voz del pionero en inteligencia artificial, Ramon López de Mántaras, ofrece una perspectiva tranquilizadora y enriquecedora. Con medio siglo de experiencia y como fundador del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del CSIC, López de Mántaras enfatiza en una entrevista con El País que la consciencia y la inteligencia, en su sentido pleno, son características que siguen siendo patrimonio exclusivo de los seres vivos.
Inteligencia Artificial y el Desafío de la Consciencia
Una de las grandes preguntas que plantea la comunidad científica es si puede existir inteligencia en algo que no sea biológico. Según López de Mántaras, comprender el mundo requiere de consciencia, una capacidad que las máquinas no poseen. Él sostiene que, aunque las máquinas pueden ser avanzadas, carecen de un cuerpo o experiencias sensoriales, lo cual es crucial para aprender las leyes básicas del mundo y desarrollar un sentido común auténtico. Él argumenta que “tener cuerpo permite aprender relaciones causa-efecto elementales, como que si sueltas una manzana, se cae al suelo. Pero eso no implica consciencia.”
La Expectación por la IA Generativa: Realidad Versus Expectativas
Aunque la inteligencia artificial generativa ha generado mucha expectación, López de Mántaras junto con otros expertos como Yann LeCun y Demis Hassabis opinan que no solo no nos acerca a una inteligencia artificial fuerte, sino que incluso podría desviarnos del camino. Destacan que, sin un cuerpo con el cual interactuar en el mundo físico, las IA generativas no pueden comprender realmente el mundo.
Además, López de Mántaras advierte sobre la tendencia humana a antropomorfizar la tecnología. Esta tendencia ha contribuido al éxito de sistemas como ChatGPT, cuyas respuestas son gramaticalmente perfectas y persuasivas, pero pueden acompañarse de información falsa.
La Necesidad de Regular el Desarrollo de la IA
López de Mántaras también pone énfasis en la importancia de regular el desarrollo de la inteligencia artificial, especialmente la generativa. Considera que la Unión Europea está en el camino correcto, aunque alerta sobre el riesgo de que una regulación excesivamente burocrática pueda obstaculizar la innovación. Señala la complejidad de exigir transparencia algorítmica cuando los mismos diseñadores no siempre entienden completamente lo que ocurre dentro de las “cajas negras” del machine learning.
Por último, enfatiza que los verdaderos riesgos de la IA no se centran en una supuesta dominación sobre la humanidad, sino más bien en la manipulación de información, la desinformación, los sesgos, la discriminación y el elevado consumo energético que puede conllevar.
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