Bajo el puente del estero “El Manzano”, muy visitado cada fin de semana por decenas de familias, surgió un especial relato. Este estero, hace mucho tiempo llevaba aguas cristalinas y puras que permitían el nacimiento de una variada flora y fauna. Entre ellas figuraban aves de hermoso plumaje, que todas las tardes en el ocaso cordillerano se metían al río entregando una maravillosa visión. Garzas de color blanco cuyas fantásticas siluetas se reflejaban con la luz del sol dando un bello espectáculo. En el mismo río, las garzas comían las pepitas de oro, que eran arrastradas generosamente por las aguas.
Este hecho llegó a oídos de muchos, que salieron en la búsqueda de las garzas para quedarse con el oro. La codicia se había apoderado de todos ellos. Cuando llegaron al lugar se encontraron con cientos de garzas con sus patas al agua, comiendo los trocitos de oro. Consumidos por una verdadera “fiebre” apuntaron sus armas y dispararon contra las aves, las que apenas podían levantarse del suelo.
Muchas murieron en el mismo lugar, sin embargo, otras estallaron en el aire, haciendo que saltaran las pepitas de oro. Los ambiciosos hombres salieron en busca de ellas, ya que se desparramaron por distintas partes. Pero cuando llegaban al lugar, encontraban solo pequeñas y hermosas flores amarillas, esparcidas por todo el campo.
Estas bellas flores, los llamados “dedales de oro”, adornan hasta el día de hoy en cada primavera los parajes del Cajón del Maipo.
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