En un mundo históricamente moldeado por estructuras patriarcales que han fragmentado y jerarquizado las relaciones humanas, la decisión de generar tribus y redes de apoyo entre mujeres no es menor: es un acto profundamente político que toca fibras sociales, culturales, económicas y simbólicas. Es elegir el encuentro por sobre la competencia, la colaboración por sobre el individualismo, el cuidado por sobre la indiferencia. En ese gesto, aparentemente íntimo, se esconde una revolución.
En el plano social, las redes entre mujeres crean espacios de contención emocional y práctica, especialmente frente a contextos de violencia, precariedad o exclusión. Mujeres que acompañan partos, duelos, decisiones difíciles, crianzas solas, luchas territoriales. La tribu aparece ahí donde el Estado muchas veces no llega, y su existencia fortalece el tejido comunitario, devolviendo humanidad a una sociedad que prioriza la productividad sobre el vínculo.
Desde una perspectiva cultural, la tribu femenina cuestiona el relato dominante que ha representado a la mujer como enemiga de otras mujeres, como figura secundaria o rival. Recupera lenguajes de ternura, de cuerpo, de afecto, de saberes ancestrales y de memoria colectiva. Las redes entre mujeres también resignifican el valor de la maternidad, del arte, de la palabra, de la cocina, de la espiritualidad y de todo aquello que fue marginado o desvalorizado por una cultura androcéntrica. Volver a reunirse, a cantar, a compartir experiencias de vida, es recuperar una historia que fue silenciada.
En el ámbito político, la tribu se convierte en organización, en defensa de derechos, en lucha común. Lo hemos visto con los movimientos feministas, con las redes de apoyo frente a la violencia de género, con los espacios de resistencia comunitaria en territorios indígenas y rurales. Las mujeres organizadas desestabilizan el poder instituido y reconfiguran las agendas públicas, visibilizando temas antes ignorados o relegados. Como escribió Marcela Lagarde, “la sororidad es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y potenciadoras entre mujeres, para cambiar el orden social patriarcal que produce violencia e injusticia contra nosotras.” La política de los cuidados, del acompañamiento y de la acción conjunta desafía las formas tradicionales de hacer política, ampliando su horizonte ético y afectivo.
El impacto económico también es profundo. Las redes de mujeres han impulsado economías solidarias, cooperativas, emprendimientos colectivos y sistemas de trueque que priorizan el bienestar común por sobre la acumulación. En zonas vulnerables, las ollas comunes, los bancos comunales y los talleres productivos liderados por mujeres no sólo alivian la pobreza, sino que promueven autonomía. Además, cuando una mujer sale del aislamiento y encuentra apoyo para cuidar, trabajar, estudiar o sanar, sus posibilidades económicas también crecen. La tribu, en este sentido, es un motor silencioso de desarrollo local y de redistribución de poder económico.
Crear tribu no es una moda ni un refugio sentimental: es una estrategia de transformación integral. Implica cuestionar los mandatos del éxito individual, abrirse a la vulnerabilidad compartida y revalorizar lo que ha sido históricamente despreciado. No se trata de idealizar los vínculos entre mujeres, sino de comprender su potencia estructural. Cuando nos organizamos, cuando dejamos de vernos como rivales, cuando confiamos unas en otras, estamos sembrando nuevas formas de estar en el mundo.
En tiempos de hiperconexión sin comunidad, de discursos progresistas sin prácticas transformadoras, de vidas cada vez más aceleradas y fragmentadas, generar tribu es un acto subversivo. Es elegir con quién y cómo caminar. Es saberse parte de una historia larga de mujeres que se han cuidado, protegido y sostenido mutuamente para poder seguir. Y es también pensar el futuro: uno donde la ternura, la justicia y la cooperación no sean excepción, sino norma.
Columna de opinión de Jessica Ortega
¿Te gustó esta noticia?
Recibe las mejores noticias de Puente Alto cada semana directamente en tu correo.
📧 Sin spam • Cancela cuando quieras • +2,500 suscritos


