Desde 1925, cuando Alejandro del Río impulsó la primera escuela de servicio social en Chile, el Trabajo Social ha sostenido la humanización en salud mucho antes de que se transformara en un lema ministerial.
Cuando hoy se habla de humanización en salud, muchas veces se la reduce a gestos bienintencionados: mirar a los ojos, sonreír, dar la mano, extender el horario de visita. Pero el Trabajo Social sabe que humanizar no es un acto simbólico ni una moda institucional. Es una práctica histórica, técnica y política. Es transformar la forma en que un sistema se relaciona con las personas que acompañamos. Humanizar, para el Trabajo Social, es construir justicia dentro de los hospitales, empatía dentro de la gestión y dignidad dentro de las políticas públicas.
El origen de nuestra profesión se remonta a 1925, cuando el Dr. Alejandro del Río – médico higienista y pionero de la salud pública – comprendió que las enfermedades no podían tratarse solo desde la medicina. La pobreza, el hacinamiento, la tuberculosis y la mortalidad infantil eran síntomas de un mal más profundo: la desigualdad social. Fue entonces cuando se creó la primera Escuela de Servicio Social de Chile. Y con ella, una nueva manera de entender el bienestar: uniendo salud y justicia, medicina y sociedad, cuerpo y contexto. Desde allí, el Trabajo Social nació vinculado a la salud pública, arraigado en la prevención, la promoción y la dignidad.
Durante este siglo, el Trabajo Social ha sido la voz que recuerda que no hay salud sin derechos, que detrás de cada diagnóstico hay una historia, una familia, una biografía marcada por determinantes sociales. Hemos sostenido la humanidad en los pasillos de hospitales, en la urgencia, en la visita domiciliaria y en la última despedida. Humanizar no es solo mirar a los ojos. Es asegurar que quien recibe el alta tenga un lugar donde llegar. Es gestionar redes para una persona mayor abandonado. Es acompañar el duelo de una madre que perdió a su hijo. Es defender a una niña vulnerada. Es lograr que la pobreza no determine el destino sanitario de una persona.
El Trabajo Social en salud humaniza estructuralmente: no solo desde el vínculo, sino desde la acción. Diagnósticos sociales clínicos, Score Social, planes interdisciplinarios, coordinación intersectorial, seguimiento y evaluación. Lo humano se traduce en método, evidencia y compromiso ético. Porque humanizar también es gestionar con técnica y con ternura a la vez.
A lo largo de nuestra historia, el Trabajo Social ha resistido y reinventado la humanización. En dictadura, cuando hablar de dignidad era un acto de valentía. En democracia, cuando fue necesario reconstruir redes y confianza. En la pandemia, cuando la distancia física nos recordó el valor de la presencia emocional. En cada crisis sanitaria hemos estado ahí: escuchando, conteniendo, articulando, construyendo humanidad en medio del dolor. Nuestro legado no está en los discursos, sino en las huellas invisibles que dejamos en las familias que acompañamos.
Hoy, que el Ministerio de Salud ha puesto la humanización en el centro de sus políticas, celebramos este reconocimiento. Pero también recordamos que este camino tiene historia. Durante 100 años, el Trabajo Social ha sido el corazón ético del sistema de salud: defendiendo derechos, visibilizando desigualdades, promoviendo un cuidado que respete los tiempos, la diversidad y la vida.
Humanizar no es un eslogan ni una moda. Es una construcción centenaria, colectiva, sostenida por miles de trabajadoras y trabajadores sociales que han hecho del cuidado un acto de justicia. Porque mientras existan determinantes sociales que amenacen la vida, el Trabajo Social seguirá ahí: recordando que la salud se construye con humanidad, que la técnica sin empatía se vacía de sentido y que la dignidad no se delega ni se posterga.
Humanizar no es un lujo. Es el legado de un siglo. Y también, nuestra promesa para los próximos cien años.
Maritza Ortega Palavecinos
@trabajosocial_saludpublica
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