Un día como hoy, en 1949, Chile dio un paso clave hacia la ampliación de derechos al reconocer oficialmente el voto femenino en elecciones presidenciales y parlamentarias. Esta conquista fue el resultado de décadas de organización, debate y lucha liderada por mujeres que exigieron participar activamente en la vida política del país.
El camino no fue breve. Desde la década de 1920, la extensión del sufragio a las mujeres fue motivo de discusión pública. Sin embargo, prejuicios políticos y sociales (incluida la percepción de que el electorado femenino tendría una inclinación conservadora) retrasaron su aprobación. Recién en 1934 se autorizó el voto de las mujeres en elecciones municipales, y quince años más tarde se reconoció plenamente su derecho a sufragar a nivel nacional.
Las mujeres participaron por primera vez en una elección presidencial en 1952, proceso en el que resultó electo Carlos Ibáñez del Campo. A partir de entonces, su presencia en las urnas fue creciendo sostenidamente, alcanzando en 1970 una participación equivalente a la de los hombres.
Este avance contrasta con la exclusión legal que existió durante el siglo XIX. La ley electoral de 1884, por ejemplo, prohibía explícitamente el voto femenino, bajo el argumento de que las mujeres se encontraban subordinadas a la autoridad del esposo, reflejando las profundas barreras jurídicas y culturales de la época.
Hoy, esta fecha invita a recordar y valorar a quienes abrieron camino, y a reafirmar la importancia de la participación de las mujeres en la toma de decisiones que construyen nuestra democracia, de acuerdo con registros de Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional de Chile y antecedentes del Senado República de Chile.
