Siendo las 12:30 horas voy de regreso a casa, para eso me dirijo al paradero de la reconocida F13. La espero en una parada que está como cualquier otro día sin el Covid-19 en Chile, lleno de personas de todas las edades, el comerciante ofreciendo el agüita, todo común y silvestre.
Llega mi micro me subo con confianza, sin miedo, ese ya lo perdí. Sin embargo, abro mis ojos y me percato que no, que evidentemente de ese metro de distanciamiento del que tanto habla el gobierno no es posible, En mi realidad al menos no es opción.
Se sube el hombre pájaro, así es, el que emite el sonido del ave que tú quieras, de lejos escucho una voz “hey, ¿y la mascarilla?“, él continúa haciendo su trabajo, porque de eso vive y bueno el puentealtino es algo porfiado. De todas formas, debo reconocer que me siento profundamente afortunada porque la micro en la que me traslada no es nada en comparación a otras y en otro horario.
El chofer por su parte, no tiene acrílico de aislamiento, es más, todos pasan por su lado. Me bajo, he llegado a mi destino, que por cierto, sector en cuarentena hace ya cuatro semanas. Camino libremente, nadie me fiscaliza. Llego a mi casa me lavo las manos, me baño, me desinfecto, pero en realidad aún me cuestiono si habré puesto en riesgo o no a mi familia.
Es por ello, que hoy hago un llamado a la municipalidad para que logren fiscalizar y tener más control con los transportes públicos, así como también llamo a tomar conciencia a los puentealtinos, respetar las medidas de seguridad a fin de salvaguardar la vida de cada uno de nosotros y la de nuestras familias.
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