Concientizar es abrir la mente y ensanchar el corazón
Es dejar de preguntar “¿qué tiene?” y comenzar a preguntar “¿Qué necesita?”.
Es dejar de ver la inclusión como un favor, y empezar a vivirla como un derecho
Abril no es un mes cualquiera: Es un tiempo para mirar con otros ojos, escuchar con más atención y sentir con mayor profundidad. Es el Mes de la Concientización sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA), y más que luces azules, lo que necesitamos es encender conciencias.
Hablar de concientización es educar desde la empatía, con el alma en la piel.
Es comprender que el autismo no es un problema que se corrige, sino una forma distinta de ser, de sentir y de habitar el mundo. Y frente a eso, lo mínimo es respeto, escucha y acción.
Desde 2007, cuando la ONU declaró el 2 de abril como el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, se han dado pasos importantes hacia la visibilización. Pero aún queda mucho por hacer.
La concientización ya no basta. Hoy, el llamado es a la aceptación, al compromiso real y a la construcción de una sociedad neuroinclusiva.
Este año, bajo el lema “Fomentar la neurodiversidad y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)”, la ONU nos invita a vincular inclusión y sostenibilidad, destacando el rol transformador de políticas públicas en salud, educación, trabajo, ciudades accesibles y equidad.
Y desde El Portal Puente Alto también nos sumamos. Porque el cambio parte en lo local. Se teje en lo cotidiano. Y nace desde el afecto, como lo demuestra la Guía de Protocolo de Emergencias para personas autistas, desarrollada por FUAN y SENADIS (descarga en nuestras historias) una hoja de ruta real, concreta y esperanzadora para actuar con respeto, dignidad y humanidad en tiempos de crisis.
Hablar de concientizar es saber que en SALUD no pueden esperar
Los diagnósticos tardíos, la falta de especialistas, la burocracia infinita… todo eso duele.
Las familias enfrentan un sistema que muchas veces llega tarde y agota.
La salud no puede ser un lujo ni una carrera de obstáculos. Debe ser un espacio seguro, empático y oportuno. Necesitamos profesionales con formación en neurodiversidad, abordajes interdisciplinarios y protocolos como el de FUAN que sitúen a la persona en el centro.
En EDUCACIÓN todos tienen derecho a aprender y ser respetados
La inclusión no es estar en la sala. Es ser parte.
Sin recursos, sin formación docente, sin comprensión, la escuela puede convertirse en un espacio de exclusión.
Requerimos que las comunidades educativas abracen la diferencia, que se capaciten, que escuchen, que acompañen. La educación transforma cuando es con amor.
En PROTECCIÓN ningún niño o niña debe sentirse invisible
La ley TEA fue un avance, pero debe vivirse en cada rincón del país.
Proteger es actuar antes del daño. Es crear entornos seguros, libres de prejuicio y cargados de afecto.
No más discriminación. No más burlas. No más indiferencia.
Y la FAMILIA no debe olvidar que es el corazón del cuidado y la lucha cotidiana.
Detrás de cada niña, niño o persona autista, hay una familia que sostiene.
Madres, padres, abuelas, cuidadores que aman, investigan, luchan, pero muchas veces lo hacen desde el agotamiento y la soledad.
Ellos necesitan más que orientación: necesitan acompañamiento emocional, redes, descanso y validación.
El protocolo FUAN lo entiende bien: la díada persona–familia debe ser el centro del cuidado.
Una sociedad justa no agota a las familias: las abraza y las respalda.
Concientizar no es un acto simbólico. Es un acto político, humano y cotidiano.
El cambio empieza por mirar con el alma y actuar con el corazón.
Y en cada rincón, el desafío es claro: construir una sociedad que deje de hablar de inclusión… y empiece a vivirla.
Columna de opinión realizada por Maritza Ortega, trabajadora social.
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