Nos subimos al vehículo de esta vecina, para saber un poco más cómo es para una mujer trabajar como colectivera de la comuna. Nos contó sobre su experiencia con el Covid y el Estallido Social.
Genoveva Ureta Paredes es una vecina puentealtina nacida y criada en la villa Puente Alto. Es hija de uno de los primeros conductores de taxis en la comuna, Apolino Ureta. Hoy tiene 56 años de edad y desde muy joven, a eso de los 20 años, comenzó a trabajar en las líneas de colectivos.
“Empecé trabajando a los 20 años y creo ser una de las primeras colectiveras del recorrido Puente Alto y San Bernardo”, comenta la conductora.
Tras una pausa de años desde aquella vez, la vecina de Puente Alto retomó la conducción de los colectivos hace un poco más de cinco años. A partir de ese momento, ha pasado por tres líneas de colectivo que recorren la comuna.
“Hace cinco años estoy ejerciendo nuevamente en la 4017, la que va directamente al Sótero. Luego de un año y medio me fui a la línea 4032 que es la que va del metro Protectora de la Infancia hacía México para arriba”, explica, donde también agrega que hoy se encuentra conduciendo en la ruta 4053 del El Tranque.
Asimismo, cuenta que el público de Puente Alto es variado, puesto que dependiendo de la línea en la que esté, la gente que sube al colectivo es distinta, pues ha llevado a discapacitados, enfermos, ejecutivos, vecinos comunes, “he experimentado distinto tipo de gente”, comenta.
Además de ser colectivera, la puentealtina comenta “soy cantante también, tengo mi grupo folclórico que se llama Los Arengueros de la Cueca, el año pasado inauguramos el desfile y las fondas de Pirque” y con el mismo ha participado en distintas actividades folclóricas, donde simultáneamente pertenece a la Agrupación Folclorista de Puente Alto.
De esta forma, la conductora de colectivos tiene un pasatiempo que le gusta mantener con vida junto a su grupo folclórico, puesto que declara “una vez a la semana estamos haciendo música del recuerdo en la banda”.
Genoveva, también dice ser una mujer empoderada, pues, el entorno laboral en el que se desenvuelve circula el machismo y el prejuicio, temas que durante todos los años de servicio aprendió a sobrellevar y darse cuenta que toda persona tiene los mismos derechos.
Entrar en un mundo dominado por hombres
El trabajar en los colectivos, la gente prejuiciosamente lo tilda como un lugar para que los hombres se dediquen, por lo que para Genoveva el ser colectivera ha sido complejo por los comentarios y la percepción de las personas sobre el trabajo, incluso de sus mismos colegas.
“Me ha costado mucho, porque hay hombres que son entrados en edad y no aceptan, y yo creo que si entrara a la mente de ellos dirían ‘que vaya a lavar platos a la casa, que vaya a ser dueña de casa’. No entienden que una como mujer tiene derecho a llevar un hogar”, argumenta.
Debido a esto, comenta que “Hoy en día el machismo en algunas líneas está arraigadísimo, cuesta mucho para que la mujer tome el lugar que se merece en la conducción del vehículo, siempre el hombre dice que trabajamos mal, que hablamos mucho o que esto y lo otro”.
Consciente de haber entrado a un mundo dominado por hombres, la colectivera de Puente Alto dice que “La mujer ha tenido que empoderarse, han cambiado los tiempos y en eso estamos, en la lucha feminista para tratar de tomar un lugar. Yo creo que me lo he ganado”.
Asiento en primera fila para el estallido social
Antes de la pandemia, el país pasó por una crisis social en que muchos puntos se vieron afectados, y para Genoveva, su fuente de trabajo se vio vulnerada ante todo lo que estaba pasando, pues los destrozos y el peligro terminaron con su trabajo.
“Yo estaba en la 4032 y llegaba justo a la Protectora de la Infancia y a mí me la quemaron, imagínate cómo quedó el bolsillo, no había pega y quedó todo mal. Era un caos, no se podía trabajar”, manifiesta Genoveva.
De acuerdo a lo sucedido, da a conocer que “hace tres o cuatro meses se volvió a retomar, pero en base a eso me tuve que cambiar de línea, porque en el bolsillo no entraba nada y tenía que mantener a mi familia”.
De esta forma, la colectivera que antes hacía el recorrido en Protectora de la Infancia, ahora lo hacía en el corto trayecto que realiza la línea 4053 que va por El tranque, sector en el que hoy se mantiene trabajando.
La pandemia y sus efectos para colectiveros
Al igual que a muchos puentealtinos, la pandemia trajo efectos significativos para los colectiveros, puesto que en el peak del 2020 redujo la afluencia de público disminuyendo así los ingresos de cada trabajador.
“Cuando estuvimos en cuarentena, la empresa dividió el grupo en dos y trabajábamos día por medio, porque no daba para más. Uno se desmotivaba, salíamos por uno o por dos (clientes) y era poca la entrada hasta que se levantó la cuarentena”, declara Genoveva.
Además, la puentealtina confiesa “Tuve Covid, estuve entubada y muy grave, y así cada conductor sabe que estamos arriesgando nuestros hijos, nuestra familia, pero tenemos que dar el servicio y llevar el sustento para la casa”.
De acuerdo a lo último señalado, la vecina dice ser partícipe del grupo de trabajadores que combate y está expuesto al virus, puesto que el servicio que entrega es igual de arriesgado que la atención que realiza un médico a una persona contagiada.
“Los primera línea son los médicos, enfermeras, guardias, Carabineros, bomberos y también somos los colectiveros, porque nosotros transportamos a las enfermeras, a los paramédicos, entonces estamos expuestos”, explica.
Tal como muchos puentealtinos, Genoveva debe seguir trabajando en su colectivo, porque a pesar de todo lo que pueda pasar afuera, tiene que mantener a su familia, por eso, hoy se mantiene conduciendo por Puente Alto en la línea 4053 del tranque.
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