Justo atrás de la vuelta al oriente, está el llamado Cerrillo de las Vizcachas, destacando por su forma redondeada y por la pequeña estación de telecomunicaciones que se encuentra en su baja cumbre, además de una copa de agua. Ahí, al costado de la ruta y a mitad de la altura del cerrito se encuentra La virgen del Carmen de las Vizcachas mejor conocida como la Virgen de las Vizcachas, dicen que es muy milagrosa, y que fue puesta allí porque la Carmencha se aparecía en el lugar. Desde hace muchos años que esta imagen vive en la gruta que se divisa desde la carretera. La historia de esta gruta y su imagen mariana es poco conocida para el resto de los habitantes de la Región Metropolitana, pues muchos practicantes del turismo cultural por el Cajón del Maipo la pasan de largo, creyendo quizás que su valor sólo se reduce a un asunto de religiosidad.
La imagen de la Virgen con el Niño está dentro de una concavidad esculpida en forma de arco, pero cerrada por una sólida reja metálica, pues dicen que ha sido vandalizada en el pasado. Innumerables flores y banderas chilenas decoran el lugar, hasta donde llegan residentes de la zona además de algunos viajeros que pasan por allí. Por todo este lugar se pueden hallar también crucifijos, estampas, rosarios, estatuillas religiosas y cuadros con oraciones.
Cuenta la Leyenda que un hombre ataco a la virgen sin motivo alguno, sacó la pistola del cinto, lanzó un disparo al aire y luego apuntó hacia la Virgen, y entre gritos y garabatos que no se entendían muy bien debido a su borrachera, le disparó todos los tiros que le quedaban. Tomó las riendas y transpirando y hablando solo, galopeó el caballo hasta el primer boliche de Puente Alto. Allí pidió dos cañones de tinto, uno para él y otro para un nuevo amigo que tiritaba de sed a su lado. Conversaron un rato, hasta que el envase se le rebalsó, y entonces se subió como pudo al caballo, animal inteligente dicen, porque conoce el camino a la casa del amo. Este lo llevó al portón del fundo, donde salió a abrirle su mujer y el hijo mayor, quienes lo bajaron y se lo llevaron enseguida a la cama, donde sin chistar ni moverse se quedó ahí mismo dormido.
Pero lo extraño pasó al otro día, cuando despertó. Todavía estaba oscuro, tenía la garganta seca y el olor al vino en la nariz. Trató de abrir los ojos, pero al hacerlo no veía nada; tocó a su mujer, que ya estaba despierta porque ya era hora de levantarse, y le dijo que no podía ver. Pero ella no le respondió, hasta que él dio un grito que hizo levantarse a todos los chiquillos. Prendieron los chonchones para ver que le pasaba al viejo, y en eso el huaso se echó a llorar, porque se acordó de lo que había hecho en medio de su cura, de los disparos y los improperios a la virgencita, y supuso en seguida que ella lo había castigado. Le pidió a su mujer y a sus hijos que lo llevaran frente a la virgen. Entonces lo subieron despacito a la carreta chancha, y entre llantos y sollozos partieron rumbo a las Vizcachas.
Al llegar a los pies del cerrillo donde se encuentra la milagrosa imagen de la Virgen del Carmen, el hombre fue bajado de la carreta. Enseguida se arrodilló, llorando, y con velas encendidas en las manos pidió perdón, y le suplicó a la virgencita que le devolviera la vista… Y así mismo, arrodillado y rezándole, subió por las escaleras de piedra hasta llegar frente a la Carmencita, con sus rodillas sangrantes y sus manos quemadas por el cebo de las velas. El y su familia, sollozando, imploraban clemencia y perdón divino.
Al caer la tarde comenzaron a bajar del cerrillo, y mientras lo hacían el huaso recuperaba lentamente la vista. El hombre, ya en su rancho, meditó lo sucedido, y después de recuperar la visión por completo, prometió a la virgen peregrinar hasta su gruta una vez al mes con toda su familia, mientras el Señor y la Santísima Virgen le dieran vida y salud.
El lugar donde se ubica la Virgen, hasta hoy día, es un sitio de peregrinaje de fieles, que agradecidos mantienen velas encendidas, flores frescas y ofrendas a su gratitud, mientras los que pasan por la carretera en auto o micro se persignan en señal de su fe.
La figura de la Virgen María tiene múltiples formas de apariciones y Chile no es la excepción, la carmencita es venerada cada 16 de julio, aunque algunas localidades tienen sus propias creencias en el cerrito a la virgen la homenajean con velas, ofrendas y oraciones y cuadros en agradecimiento a los favores concedidos.
Historia recabada del dedaldeoro.cl y urbatorium.blogspot.com
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