¿Mito o realidad detrás de esta marca?
Desde la pasada historia en la que hablamos sobre el Cristo Negro de Pirque, podemos darnos cuenta que el diablo es protagonista de muchas de los relatos que se ocurrieron en nuestra provincia cordillera. Adentrándose en los cerros del Cajón del Maipo se encuentra lo que muchos califican como la evidencia más increíble de la existencia de un ser maligno, cuyo poder va más allá de lo que imaginamos. Se trata de la huella de satanás o la pata del diablo.

Según información urbatorium.blogspot.com, sitio dedicado a la exploración urbana: “La Pata del Diablo puede verse estampada en una roca junto a un paradero, contorneada por un pequeño camino peatonal. Con cerca de dos metros y medio de altura, aproximadamente, y situada en posición vertical, en verdad se asemeja a las formas suavizadas de una colosal huella humana de pie derecho, con el redondo dedo pulgar especialmente bien impreso sobre la superficie, además del relieve correspondiente al arco de la planta”.
La historia sobre cómo fue que esta huella terminó grabada en esta enorme roca pone los pelos de punta y te hace pensar dos veces antes de volver a hablar de estos temas con tanta ligereza.
El relato se remonta muchos años atrás, cuando llegó hasta el pueblo de San José de Maipo un intrigante sujeto, vestido de negro y con una mirada penetrante que provocaba temor a los hombres y atracción a las mujeres.
Al parecer, este misterioso personaje se quedó un buen tiempo en el pueblo, recorriendo lugares y aprovechando de sus encantos para seducir mujeres. Entre los habitantes se comenzó a rumorear que este tipo era capaz de matar personas a la distancia sin ser descubierto, además del poder de ser irresistible para las mujeres.
El hombre de negro solo se dedicaba a seducir a mujeres realmente hermosas, logrando éxito en cada ocasión. Sin embargo, un día decidió coquetear a una hermosa chica que resultó ser la hija del alcalde. Como si fuera poco, además esta chica estaba preparándose para llegar a ser una monja. La maldad innata de este ser comenzó a dejarse ver conforme pasaban los días sin poder obtener su cometido.

Una noche, que fue particularmente tempestuosa, llegó este visitante hasta las puertas del convento . Empapado y sin refugio le pidió a la madre del lugar entrar y quedarse allí hasta que la lluvia cesara. La madre en su bondad dejó entrar al señor de negro y le asignó una habitación para que pasase la noche. Ya en calma, todas las monjas junto con el visitante se fueron a dormir tranquilamente.
En medio de la oscura noche, con el sonido de la lluvia ocultando cualquier otro ruido, se levantó el visitante para dirigirse a una de las habitaciones del convento. Con paso silencioso y atravesando murallas, llegó hasta el lugar donde había planeado. La habitación de la hija del alcalde.
La sensación de una extraña presencia despertó a la novicia, que pronto se dio cuenta que no era solo una pesadilla, ya que vio al hombre de negro acercarse hasta su cama mientras el aire se inundaba de un olor a azufre intenso. Naturalmente pegó un horrible grito de espanto, que fue rápidamente ahogado por la fría mano de este ser. Con una fuerza que no parecía de un humano, levantó a la chica dispuesto a llevársela por la ventana. Fue cuando llegó la madre superiora, alertada por el corto grito de su alumna.
Con un frasco de agua bendita e invocando el nombre de Dios, la madre detuvo en el acto al hombre, quien dejó caer a la víctima para convertirse en su real apariencia; un gigantesco ser monstruoso, con alas y pies enormes, que irradiaba maldad pura. Huyó del lugar pegando grandes pasos y saltos en su camino. En su estrepitoso escape dejó marcado en una roca una huella de su pata derecha, marca que puede verse hasta el día de hoy, en el paradero 46 en la localidad de El Toyo, aunque la propia erosión de la naturaleza ha transformado su apariencia.
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