Transcripción íntegra de “La Lola”, historia narrada por Caupolicán Montaldo en el Itinerario Maipino, crónica de la Provincia Cordillera.
Son numerosas la supersticiones que llenan el alma del minero. Por ejemplo, ni faldas femeninas, ni hábitos sacerdotales deben bajar a las minas, ni asomarse siquiera a la boca de un laboreo. Y la otra, la más tremenda de todas, La Lola.
Todos los mineros de Chile le temen, porque el que la ve no escapa con vida, o si vive a pesar de haberla conocido, habrá que encerrarlo, porque la locura se apodera de quienes han subsistido a la trágica aparición. Es una mujer que viste de blanco, y que se va agitando en el aire en forma irreal y espantable. Eso quiere decir que la mina se va a hundir o inundar, y la muerte espera a los hombres que hay en ella. Por eso el pánico entra de golpe en el corazón de quien la encuentra, enloqueciéndolo o matándolo.
Su terrible tradición se pierde hacia el pasado. Y tiene caracteres de mayor impiedad en las faenas mineras de la cordillera andina. La ventisca, la nieve, el granizo, ayudan a vestirla de ropajes macabros. En las minas grandes y pequeñas que se han explotado o se explotan en el Cajón del Maipo y sus derivados, La Lola no ha sido extraña ante el desaparecimiento o el horror mortal de algunos trabajadores.
Observadores, gente que va a lo positivo de las cosas, han creído ver en La Lola una visión de ebrios, que por la sugestión supersticiosa que emanan de las labores de sub-terra, es capaz de obrar fatalmente en quienes la ven, porque la imaginación alterada se las presenta así.
En todo caso La Lola es algo que está tan adentro de la vida minera, que es parte de ella, y aunque se
busque la razón objetiva de su existencia, seguirá La Lola por las entrañas de la tierra anunciando dolores y desesperanzas.
Juan Modesto Castro, autor de la novela “Froilán Urrutia”, pone en boca del protagonista de su libro esta explicación sobre el fantasma del cual hablamos:
“Yo no sé, patrón, dicen que es el diablo, otros que es la mujer del diablo que viene a llevarse a los que tienen enredos con ella y se les ha cumplido el plazo. La verdá es que en las labores mineras, algunas veces de noche se sienten gritos espantables llamando a un cristiano. Días después desaparece, y al tiempo se viene a encontrar el cuerpo abierto sin ninguna entraña. Eso y el alma es lo que se lleva”.
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