Decidió rehacer su vida y hoy ofrece con orgullo sus productos en distintos puntos de la comuna.
Velas de aromaterapia, reiki y gemoterapia. Esas son algunas de las terapias complementarias o alternativas que ofrece Magdalena Chávez. Comenzó con todo esto hace cuatro años, cuando ella misma decidió dejar la medicación tradicional y se sometió a este tipo de terapias las que, según cuenta, fueron más efectivas para tratar la fibromialgia que la dejó postrada. Pero la enfermedad también gatilló que su esposo la abandonara a ella y sus dos hijos. Por fin; con su matrimonio también se terminaron 15 años de maltratos físicos y psicológicos.
Pero Magdalena dice que salir de esa situación de violencia no fue tan fácil como podría parecer. “Cuando vi que la violencia estaba recayendo en mis niños, ahí reaccioné”, asegura. En el proceso, se vio en la necesidad de buscar un sustento para su hogar, pese a su enfermedad. Además, tuvo que enfrentarse al temor que sentía hacia su agresor, a que estuviera rondando y volviera a atacarla. Y por otro lado, estaba el juicio social. “Te cuestionan: “¿será necesario?”, “el matrimonio es para toda la vida”, “hay que luchar por el matrimonio”, “las cosas se pueden arreglar””, dice Magdalena.
Ante esta situación, suele ocurrir que las víctimas desisten de denunciar a su agresor, lo que termina empeorando la relación de violencia. “Una tercera persona siempre puede hacer las denuncias, pero eso no es suficiente para aplicar las medidas cautelares. Es necesario que la persona afectada sea la que haga la solicitud”, señala el abogado Gonzalo Lobos.
La psicóloga Karen Bárcenas, asegura que de ahí surge la importancia de proteger a la víctima y que ésta tenga redes apoyo, ya que en este proceso la víctima suele desarrollar sentimientos de vergüenza y culpa. “Entonces, que la sociedad empiece a culparla también, lejos de ayudar en esto, va a hacer que la persona agredida se vaya aislando más. En ese sentido es importante estar atentos a los indicadores que pueda manifestar, como son el aislamiento, baja en su autoestima, cambios de conducta (sumisión a su pareja) y moretones que tienen una explicación inverosímil”, asegura.
Magdalena dice que salir de la dinámica de una relación violenta “es como volver a nacer”. Además, hace un llamado a las mujeres que están en la misma situación que ella vivió a “Salir y pedir ayuda, no tener miedo, buscar las instancias para salir adelante porque de verdad, siempre va a haber alguien que te tome la mano”
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