El 11 de febrero no es una fecha cualquiera. Desde 2015, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, este día nos recuerda una deuda histórica: el reconocimiento y la equidad en el acceso, participación y liderazgo de las mujeres en la generación de conocimiento científico.
Las cifras son elocuentes. Aunque el talento no tiene género, la ciencia sigue marcada por brechas. Menos del 30% de los investigadores en el mundo son mujeres, y en muchas disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), la presencia femenina sigue siendo marginal. Las razones son múltiples: desde los estereotipos de género que alejan a las niñas de la experimentación y la curiosidad científica hasta las barreras estructurales que dificultan el avance de las mujeres en sus carreras académicas y profesionales.
Este día es para visibilizar y celebrar. Chile cuenta con destacadas científicas que han marcado la diferencia en sus disciplinas. María Teresa Ruiz, astrónoma de renombre y Premio Nacional de Ciencias Exactas, ha contribuido enormemente al estudio de las enanas cafés y la evolución estelar.
Cecilia Hidalgo, bioquímica y primera mujer en recibir el Premio Nacional de Ciencias Naturales, ha hecho aportes clave en la neurociencia.
Mónica Rubio, astrónoma, ha investigado la formación de estrellas en el universo.
Susan Bueno, inmunóloga, ha jugado un rol fundamental en la investigación de enfermedades infecciosas en Chile.
A estas referentes se suma una nueva generación de científicas que está derribando barreras y acercando la ciencia a las nuevas generaciones. Teresa Paneque, astrónoma y divulgadora científica, es un ejemplo de cómo la pasión por el conocimiento y la comunicación pueden inspirar a miles de niñas a mirar el cielo con curiosidad. Su trabajo no solo abarca la investigación en formación planetaria, sino también la tarea fundamental de hacer accesible la ciencia a través de plataformas digitales, mostrando que la astronomía no es un mundo lejano ni inaccesible.
Invertir en la educación científica de las niñas no es solo una cuestión de justicia, sino de progreso. Enfrentar los desafíos globales —como el cambio climático, las enfermedades emergentes o la crisis de los recursos naturales— requiere de todas las mentes brillantes, sin distinción de género.
Por ello, este 11 de febrero no solo conmemoramos; también reafirmamos el compromiso con un futuro en el que ninguna niña sienta que la ciencia no es para ella, y en el que ninguna mujer deba demostrar más que sus colegas hombres para ser reconocida.
La equidad en la ciencia no es una concesión, es una necesidad para la humanidad.
No hay que temer nada en la vida, solo hay que comprenderlo. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos – Marie Curie
Columna de opinión realizada por Maritza Ortega Palavecinos, trabajadora social y administradora publica. Vecina de puente alto y administradora de la cuenta @trabajosocial_saludpublica.
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