La compra de artículos para placer individual o en pareja se ha incrementado en Puente Alto para disfrutar de la sexualidad libremente.
Tiempo atrás les contábamos que la belleza masculina dejó de ser un tema sensible para muchos hombres en Puente Alto. Pero eso no es todo, pues cada vez más los puentealtinos y puentealtinas se han atrevido a comprar artículos de placer individual o disfrute en pareja.
Bien sabe Nancy Castro, propietaria desde 2017 de dos “sexshop” en Puente Alto (Deseo Infinito y Rincón del Deseo) que cada día reciben a hombres y mujeres interesadas en probar productos sexuales. De acuerdo con su experiencia, los habitantes de la comuna se han atrevido con más fuerza a utilizar estos implementos, hecho que se vio reforzado aún más con la pandemia por un tema de necesidad.
“La pandemia arrojó muchos problemas para familias y personas que viven solas, porque un tema importante es la salud sexual. No necesariamente tienes que estar activo, pero sí conforme con tu vida sexual en pareja o solo. Muchos clientes nos decían que era un bien de primera necesidad para ellos, por lo que tuvimos que empezar a vender online”, indica Nancy.
Hoy, uno de los productos que más cotizan los y las puentealtinas es la cosmética erótica, concepto que refiere a lubricantes, aceites de masajes, estimulantes, potenciadores, retardantes, entre otros.
Prácticas que ganan fuerza
Carolina Vargas, al igual que Nancy, vende artículos de placer pero no tiene una tienda física para ellos: comercializa a través de instagram y pedidos al whatsapp.
Según la puentealtina, el goce de estos productos también va al alza en Puente Alto, aunque aún es inevitable encontrarse con la vergûenza de quien accede a ciertos implementos, ya sea por primera vez o por su contenido. “A veces suelen preguntar quién va a entregar los productos, porque les da vergûenza. Hay cierto tabú con algunas cosas, pero se están rompiendo”, señala Vargas.
En este sentido, agrega que tanto hombres y mujeres experimentan con aceites comestibles, lubricantes, consoladores o vibradores, aunque, eso sí, los hombres serían más atrevidos.
De esta forma, los y las puetnealtinas se han sumergido en un mundo cada vez más alejado de las críticas y trabas sociales para satisfacer una de las necesidades básicas del ser humano: el sexo.
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